miércoles, 18 de mayo de 2011

Fernando Savater: ¿Filósofo? No, soy profesor


“Desde niño estuve oyendo a Jorge Negrete, a Pedro Infante. Es la música de mi infancia”.

Martes 10 de mayo de 2011 Lizbeth Hernández | El Universallizbeth.hernandez@eluniversal.com.mx

En 1975 conoció México, no imaginaba que este país se volvería uno de “esos lugares del corazón” al que regresaría a dar conferencias, recibir premios, conversar con amigos y en el que comería huevos rancheros, chilaquiles y del que aprendería a distinguir olores y contextos. Entonces, Fernando Savater tenía 28 años y era un desconocido que podía intercalar sus trabajos académicos con viajes. “Era una época más feliz, era más libre, ahora vengo y estoy un poco oprimido por las circunstancias”, compartió en breve entrevista.

Es cierto. México, las circunstancias y el propio Savater no son los mismos. “La vida es como un desempeñarse, algo que no se puede parar...” dijo en 2003 quien se ha consolidado como escritor, activista, pensador. A sus 64 años ha aprendido a vivir con guardaespaldas por las amenazas de muerte que ETA le ha hecho.

Aún así. Fernando Savater sonríe y sigue haciendo de cada encuentro con la sociedad civil un espacio socrático y mayéutico en el que la dialéctica se pasea entre preguntas, posibles respuestas, respuestas, aforismos, chistes, flashes, anotaciones y saludos. Así ocurrió en su última visita a México, la semana pasada.

El autor sabe que con México no tiene una relación neutral ni sólo de interés sociológico: “Mi padre que jamás fue a México adoraba la música mexicana, entonces desde niño estuve oyendo a Jorge Negrete, a Pedro Infante y es la música de mi infancia y adolescencia”. Por eso los cambios del país no le son indiferentes. Savater se permite bromas: “¿Quieren que hable de México antes o después de que me robaron la laptop?”.

El español que fue un “joven gordito y miope que dejó los escenarios porque siempre le daban papeles del padre de la novia” —además “quería ser como Octavio Paz”—, ha insistido en que “las sociedades deben saber que educan en defensa propia”. Sabe de la aventura de pensar y todavía en 2006 se hacía muchas preguntas sobre la muerte, el conocimiento, la naturaleza, el tiempo, la libertad.

El hijo de un notario de San Sebastián y cuya madre fomentó su gusto por la lectura, niega el destacado título de filósofo. “Yo soy un profesor porque tengo la ignorancia para poder entender la ignorancia de los demás, entonces sé cómo explicar lo que mis amigos más sabios no pueden”. De ahí atribuye Savater el éxito de su más conocido libro: Ética para Amador

El pensador nacido el 21 de junio de 1947 sonríe —¿los martillazos filosóficos derivarán con el tiempo en ánimo afable?— y admite: “lo único bueno que tiene la vejez es que ya sólo te ocupas del presente, no estás obsesionado siempre con el pasado porque es muy malo y procuras cada vez más vivir el presente, entonces, yo nunca me pregunto qué va a pasar sino qué voy a hacer, es importante la memoria pero no hasta el punto de sacrificar el presente”.

El gran lector de Nietzsche, Ciorán y Spinoza, reafirma que la realidad, ese “diamante con muchas facetas”, es distinta a la 1975. En esta visita a México, recuerda: “antes lo primero que hacía era llamar a Octavio (Paz); salir con Carlos (Monsiváis) o ir a ver a Alejandro Rossi, y pues desgraciadamente ya no están y los echo de menos, me provoca nostalgia”. Sus ojos, que han acumulado el peso de las lecturas, hacen visible ese sentimiento. Vuelve al tiempo presente. Ya lo dijo alguna vez, “siempre me quedará México”.

Vía: El Universal


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