miércoles, 25 de mayo de 2011

Alejandro Serrano Caldera, filósofo nicaragüense: “Vivimos una realidad incompleta”



  • El experto desentraña el concepto de poder, heredado de la colonia española que convierte al futuro de Nicaragua en “un pasado que se repite”

Por: Octavio Enríquez

La última vez que Alejandro Serrano Caldera, de 73 años, el reconocido filósofo nicaragüense y del mundo, anunciaba con intensidad que publicaría un tomo de sus obras completas sobre Nicaragua y América Latina, hizo énfasis en que lo haría un latinoamericano.

Ahora entiendo por qué ese ser “latinoamericano” pesa mucho en su análisis, mientras avanza una tarde de viernes en su residencia en Bolonia, junto a su piano y sus libros, testigos de esta mezcla de razonamientos —quizás su palabra favorita—, donde abunda la historia, la filosofía y que, a la larga, arroja la imagen de un país que se la ha pasado en conflictos más que en entender las razones de por qué no logra despegar.

“No sé si a veces mi razón se afecta por un optimismo ingenuo, pero en todo caso lo prefiero a un pesimismo sin posibilidades”, confiesa cuando se le pregunta si no cree que predica en el desierto.

Muchos de sus más duros críticos voltean el rostro al oir sus conceptos como "unidad en la diversidad" o "proyecto de nación" que él lleva años enseñando a sus estudiantes con una disciplina insuperable.

Ahora estos temas, más los entretelones históricos de Nicaragua, vuelven cuando está por publicar el tercer tomo de sus obras completas dedicado a la radiografía latinoamericana, América Latina ante la razón filosófica .

Tras años de esfuerzo, la aventura de escribir, que lo ha llevado a forjar 23 libros a lo largo de su carrera, lo llevó también a ver un espejo y en ese espejo a ver a Nicaragua tal cual. “Escribir es como respirar”, explica sobre esta pasión tan encantadora a la que simplemente se abocó porque los temas escogen a sus autores como se ha dicho.

Un libro, doctor Serrano, es una aventura, ¿cuál fue la que vivió el filósofo en la elaboración de esta nueva publicación?

Es la continuación de la aventura de los dos primeros volúmenes, pero específicamente el punto central de este tercer volumen es la relación del pensamiento filosófico universal con la situación de América Latina y Nicaragua en particular. Se trata de continuar el análisis de los conceptos universales de la filosofía, pero ciertamente referidos de manera concreta a un medio, espacio temporal.

La otra vez que hablamos (hace dos años) usted dijo que no era lo mismo que la situación de América Latina la analizara un latinoamericano que un europeo, ¿cuál es la fuerza que el lector encuentra en esta propuesta?

Siempre se diferencia porque, como decía Hegel, las ideas y la época, el tiempo y el medio se adhieren a las ideas de uno, como la piel al cuerpo. Nadie escribe desde una burbuja que está fuera del espacio y el tiempo (...) Quien lo hace no es un ser neutro, abstracto, insustancial, sino alguien que está de alguna manera constituido por una serie de factores de su tiempo y su medio. Toda universalidad arranca de una particularidad. Es una de las tesis de mi libro.

¿Cómo está viendo Alejandro Serrano, el filósofo, Nicaragua en comparación con América Latina?

En materia de filosofía hay países que tienen una mayor tradición de filosofía en América Latina. Podríamos hablar de Argentina, Uruguay, Brasil, México, para mencionar a algunos cuantos, a pesar de que se considera también que América Latina, en general, al nacer los estados naciones latinoamericanos sufrió también el hecho de que la construcción de la nueva sociedad, de las nuevas repúblicas de la independencia, se produjeron sin que antes se hubiera producido la revolución de la razón, la revolución filosófica, el siglo XVIII de la ilustración, cuya consecuencia es el fenómeno político, la revolución francesa, la revolución inglesa, aunque esta es un poco antes o coincidente a la misma época. Estos grandes cambios de mundo son consecuencia de cambios en el pensamiento, es decir de la filosofía de Descartes, Kant, Espinosa, y luego de los enciclopedistas, de los contractualistas, de los filósofos del derecho, es decir de todo un movimiento extraordinario que va desde la razón pura —Descartes, del pienso luego existo— a la aplicación de todos estos principios racionales en la política, el Estado, la sociedad.

En Europa primero se produce una revolución filosófica en la razón y salen consecuencias y efectos concretos. Los seres humanos son iguales porque son seres racionales y no es admisible, desde el punto de vista del pensamiento y la razón, desigualdades en atención a condiciones económicas, sociales, de cuna, sangre, ideológicas o religiosas. La igualdad significa que todos aspiren a lo que quieran a partir de su propia inteligencia, posibilidades, de su propia razón.

¿Esta revolución ausente podría ser una explicación del atraso político de nuestra región?

Puede ser un elemento a analizar y profundizar. En América Latina, en general, a mi modo de ver se produce un fenómeno: ocurre la independencia de España en buena hora, porque la libertad de los pueblos es una condición esencial de su dignidad.

Se le da independencia, pero cuáles son los elementos que juegan allí. La independencia es un movimiento que fue alentado por los criollos, es decir de los hijos de los españoles que quieren obtener el beneficio económico de las materias primas que salen de la colonia a la corona. Independizados, la oligarquía criolla es la que va a quedarse con esa riqueza. Hay otro elemento fundamental. Quienes toman el poder no son los capitanes de la independencia. Bolívar murió diciendo que “he arado en el mar”, San Martín murió autoexiliado en París; Sucre muere asesinado por su propios compañeros de lucha después de la batalla de Ayacucho.

Quienes toman el poder no son los americanos hijos de la ilustración, que quieren llevar las ideas de la ilustración, sino la oligarquía terrateniente criolla (...) Es un concepto del Estado al servicio de ellos. Se montan esta corriente y una vez que se da la independencia asumen el poder político.

Se produce entonces lo que Octavio Paz y Carlos Fuentes han llamado una separación esquizoide en el origen de nuestras repúblicas, entre la realidad real y realidad formal. Entre la situación económica y política y el derecho.

En las constituciones, que estas oligarquías adoptan, se pone el Estado de derecho, la subordinación del poder a la ley, el principio de igualdad. Son principios que rigen el derecho moderno, pero ellos no tienen la intención de que se cumpla.

Después de tantos años, ¿por qué las cosas continúan iguales?

Porque todavía esa ruptura, entre una realidad que obedece a un criterio y un mundo jurídico que obedece a otros criterios, no ha logrado encajar. Estos procesos han sido de convulsiones pero también de acercamientos donde se busca que la realidad e ideas plasmadas en constitución y leyes lleguen a encontrarse.

En su momento significó que hagamos nuestras constituciones de la República copiando las constituciones europeas y francesas, pero mantengamos la realidad social y económica igual que como estaba en España (se refiere a los criollos).

¿Cómo podemos medir lo que está pasando en Nicaragua ahora en relación con estos preceptos que usted describe en el tercer volumen de sus obras?

En Nicaragua veo la comprobación experimental de esta hipótesis que me atrevo a plantear en mis libros y mis obras.

Si nosotros vemos la historia nicaragüense es la historia de una repetición, la historia y experiencia de la metáfora que uso con frecuencia de la bicicleta estacionaria, de esa que no para de girar y no avanza. Gira sobre su eje.

Entonces lo que pasó regresa, entonces el futuro se nos convierte en el pasado que regresa. Es lo que vemos. Porque no existe una racionalización de las instituciones y el derecho, no solo a nivel de quien ejerce el poder, sino a nivel de la cultura general.

Hay caudillismo no solo porque hay caudillos, sino porque hay una sociedad que los produce.

(...) Una sociedad para la cual el derecho, las instituciones, la Constitución, las leyes y sus principios, la separación de poderes, la subordinación del poder a la ley, no están estructurados como conceptos y categorías racionalmente comprendidas y formuladas. Además de ello, no solo porque no hay una racionalidad, sino porque tampoco hay una incorporación de estos valores en el imaginario.

¿Qué está fallando entonces?

La necesidad de impulsar un pensamiento filosófico aplicado a estas circunstancias.

Se lo hago notar, porque la gente en Nicaragua dice “roba pero hace”, en relación al caudillo de turno.

Esto te da una referencia de la escala de valores que maneja y hasta qué punto las instituciones que son la razón incorporada en la ley, el órgano y Constitución Política no son percibidos así. Para mí, allí está el primer problema. Mientras no sean categorías racionales nuestras y formen parte de la escala de valores de la sociedad, esto volverá, seguirá dándose.

Vivimos una realidad en la que todavía no se ha incorporado este elemento.

Vivimos una realidad incompleta, una mutilación lógica y ontológica. Pasa que la gente no percibe las cosas como debería percibirlas. (La ley) es concebida como un instrumento que fortalece el poder de hecho y de alguna manera sirve para darle legitimidad a las acciones de facto que no las tienen.

Como todo esto que se ve en el gobierno de (Daniel) Ortega, de magistrados a los que se les vence su período...

Y un montón de cosas que no nacieron con este gobierno. Por esa causa vemos que las situaciones se nos repiten, cambian las personas, los nombres, los grupos que están alrededor del poder pero las situaciones siguen siendo las mismas y estamos viendo un ciclo, la vuelta de la rueda que conduce a la violencia.

Pero la violencia no resuelve este problema. Acabamos de ver, hace más de treinta años, el derrocamiento de la dictadura de Somoza y lo que hemos visto es el desfile de hombres fuertes a lo largo de la historia de nuestro país.

Viene la gente, reacciona y cambia esa situación mediante actos violentos que, en un momento dado, se consideran necesarios, pero como las causas subyacen y persisten la situación vuelve a reproducirse. Mientras no haya una racionalización de esto, los hechos van a continuar repitiéndose y vamos a continuar creyendo que los actos violentos son la solución y definitivamente no es la solución.

¿No siente que usted está predicando en el vacío ante la sordera de la clase política?

(Ríe) A veces lo siento, pero a veces me vuelvo a entusiasmar. No sé si a veces mi razón se afecta por un optimismo ingenuo, pero en todo caso lo prefiero a un pesimismo sin posibilidades. Trato de buscar una explicación racional y hacer el esfuerzo que como intelectual, miembro de la sociedad civil, me corresponde.

Tengo en esta libreta varias anotaciones relacionadas con su pensamiento, conceptos como “la unidad en la diversidad”, “escuchar al otro sin renunciar a sus propias ideas”, “el proyecto de Nación”, ¿por qué llevamos tantos años hablando de estos temas...?

Interrumpe y replica) Pero antes ni siquiera se hablaba de estos términos y yo no quiero decir que soy el padre de estos términos, pero sí que los he trabajado mucho. La Nicaragua posible, el proyecto de nación, principios de legalidad, consenso, proyecto nacional, son categorías que cuando empezamos en 1990, sobre estos conceptos, eran prácticamente inusuales. Se usaban muy esporádicamente, ahora es parte del lenguaje nicaragüense.

¿Qué ha fallado en nuestro sistema educativo para que los niños no aborden estos temas desde nuestras aulas?

La educación es fundamental. La educación formal, pero también la educación no formal. Quiero decir que desde los primeros años que el niño está en el colegio, hasta la universidad y su vida ciudadana (se debería) estar dentro del conocimiento, diálogo y debate de estas ideas.

Pero también más allá del sistema formal educativo. Es fundamental abrir un diálogo de los medios de comunicación, artículos, entrevistas, de las conferencias, cátedras, en la medida en que sea asumido como una labor nacional, el tiempo en asumir estas ideas, y transformarlas en conceptos y valores de la propia identidad personal, va ser menor y eso va significar el cambio cualitativo de nuestro país.

Los nicaragüenses se alistan para un proceso electoral en noviembre de este año, ¿cómo visualiza la situación del país a partir de todo lo que ha explicado?

Vemos una violación y transgresión cotidiana a la ley, decretos que regulan situaciones que no pueden regular, decretos que extienden períodos a funcionarios que los tienen vencidos (se refiere a uno presidencial), la separación de poderes queda vulnerada... Podría seguir mencionado hechos que los que nos revela es un hecho general: el abuso a la ley se han transformado en un uso y la excepción se ha transformado en una regla general.

Por el otro lado ves una oposición que dice vamos a derogar ese decreto y jamás se hace. Se está deteriorando lo que constituye la base imprescindible de toda sociedad que es su tejido jurídico. La ley es la sustancia cohesiva que permite que una sociedad sea sociedad. Insisto en la educación.

¿No se siente un soñador?

(Interrumpe nuevamente) ¿Un soñador con la razón en la mano? (ríe) No todo es la clase política. Soy profesor, estas ideas las expongo con mi grupo. Están interesados. No me siento en el desierto. Tal vez mi obra pueda significar, no sé hasta dónde, un esfuerzo por abrir un nuevo camino en el país.

Ha escrito 23 libros a lo largo de su vida, ¿siempre quiso ser escritor?

No me recuerdo un momento en que haya tomado esa decisión. Me recuerdo escribiendo nada más. Un tema se apropia de mí, vengo a la computadora y a desarrollar el tema. Los temas buscan al autor.

¿Escribir qué significa para usted en su vida?

Es como respirar, vivir. Reencontrarse con sus ideas, poniéndolas frente a uno.

Vía: laprensa.com

1 comentarios:

Al leer sobre los artículos del Dr. Alejandro Serano caldera, en lo particular me doy cuenta de la importancia que tiene uno de tener su propio criterio de los asuntos que nos competen como Nicaragüenses y no callar y expresarlos .

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