Alain Badiou y el 15-M: “una modificación brutal de la relación entre lo posible y lo imposible”.

En su sesión del 25 de mayo de 2011 de su seminario “¿Qué significa cambiar el mundo?”, el filósofo francés Alain Badiou hace alusiones directas al movimiento 15-M y aporta algunos conceptos y juegos de distinciones altamente precisos, pertinentes y orientadores para pensar lo que (nos) está pasando.

Heidegger, el enemigo filosófico número 1.

Una reflexión crítica sobre el pensamiento de Martín Heidegger y su compromiso político.

Michel Onfray Filósofo aquí y ahora [Documental subtitulado]

Documental del canal Arte, realizado en 2008 sobre la vida del filósofo.

La actualidad de Karl Marx [Podcast]

Jean-Philippe Jáze. Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades, UAEM, nos habla de la importancia del pensamiento de Karl Marx.

Esbozo histórico de la filosofía mexicana del siglo XX.

Un recorrido por los más importantes pensadores de la filosofía mexicana.

Sartre: "La edad de las pasiones". [Película con subtítulos en español]

Película en dos partes hecha para la televisión francesa en donde se aborda la vida de Sartre y su inseparable compañera Simone de Beauvoir en medio de la rebelión en Argelia, la oposición en contra de De Gaulle y su vida amorosa, pasando por su visita a Cuba y Rusia y sus manifestaciones políticas..

Foucault por sí mismo [Documental con subtítulos en español]

Documental que ofrece un panorama de algunos de los temas principales sobre los que reflexionó Michel Foucault a lo largo de su vida. Este panorama se construye a partir de las propias palabras del autor, puesto que el documental en su totalidad está conformado por la ilación de fragmentos de declaraciones de Foucault, de algunos de los cursos que dictó y de citas de sus textos.

Zizek! El documental [Subtitulado en español]

Documental Zizek! realizado por Astra Taylor y protagonizado por el escritor y académico conocido en todo el mundo como “el Elvis de la teoría cultural”, el esloveno Slavoj Zizek, donde se explora su trabajo y excéntrica personalidad.

martes, 17 de mayo de 2011

La filosofía cayó en manos de la gente de “Star Trek”




Por Umberto Eco, ESCRITOR Y FILOSOFO ITALIANO

El 6 de abril el diario italiano La Repubblica publicó un artículo acerca del reciente libro de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow The Grand Design . Un pasaje del libro afirma que “la filosofía está muerta”. Y continúa: “La filosofía no se ha mantenido a la par con los avances modernos en la ciencia, y en particular la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento”.

La muerte de la filosofía ha sido anunciada muchas veces antes, y eso no fue causa de alarma . No obstante, viniendo de un genio como Hawking, parecía ser una afirmación muy tonta . Para asegurarme de que La Repubblica no lo había citado equivocadamente, salí y compré el libro, y al leerlo confirmé mis sospechas.

En los créditos del libro se indica que fue escrito por dos autores. Pero en el caso de Hawkins el “por” es un término dolorosamente metafórico, porque sus miembros no responden a las órdenes de su cerebro excepcional . Por tanto, el libro es básicamente una obra del segundo autor, Mlodinow, a quien la portada describe como un excelente autor que escribe versiones populares de temas científicos y creador de varios de los episodios de “Viaje a las estrellas” . (Hay una sugerencia de “Star Trek” en las hermosas ilustraciones del libro, que parecen haber sido concebidas para enciclopedias infantiles de épocas pasadas: son plenas de colores y fascinantes, pero no explican en absoluto las complejas teorías físico-matemáticas-cosmológicas que deberían ilustrar).

Quizá no fue prudente confiar el destino de la filosofía a personajes de una serie de ciencia ficción.

The Grand Design se inicia con la declaración perentoria de que la filosofía nada tiene ya que enseñarnos y que sólo la física puede explicar: (1) cómo comprender el mundo que nos rodea; (2) la naturaleza de la realidad; (3) si el Universo necesita tener un creador; (4) por qué hay algo en lugar de nada; (5) por qué existimos; y (6) por qué existe este juego específico de leyes.

Estas son preguntas típicas en la filosofía , pero el libro muestra cómo la física puede responder los últimos cuatro interrogantes que parecen ser los más filosóficos de todos.

El único obstáculo es que, antes de que uno pueda intentar contestar las últimas cuatro preguntas, es necesario tener la respuesta para las dos primeras. En otras palabras, ¿qué significa decir que algo es real y que conocemos el mundo exactamente como es? Quizá usted recuerde preguntas como éstas de la escuela secundaria o de un curso universitario de filosofía: ¿Sabemos por qué la mente se adapta a la cosa? ¿Hay algo fuera de nosotros o, como dice Hilary Putnam, de la cátedra de Filosofía de Harvard, somos cerebros en un recipiente? Y bien, las respuestas fundamentales que ofrece este libro son típicamente filosóficas, y si esas respuestas filosóficas no existieran, incluso un físico no sabría decir qué es lo que sabe o por qué.

De hecho, Hawkins y Mlodinow hablan de realismo modelo-dependiente; en otras palabras, asumen que no hay un concepto de realidad independiente de descripciones o teorías.

De forma que teorías diferentes pueden describir el mismo fenómeno de manera satisfactoria mediante estructuras conceptuales diversas; en consecuencia, todo lo que podemos percibir, saber y decir acerca de la realidad depende de la interacción entre nuestros modelos y el “algo” que existe fuera de nosotros, que conocemos gracias a los órganos de percepción y al cerebro.

Lectores más suspicaces quizá hayan detectado el fantasma de Immanuel Kant en el argumento del libro . Los autores proponen lo que es conocido por algunos filósofos como holismo y por otros, como realismo interno.

Todo esto no es un asunto de descubrimientos físicos sino de supuestos filosóficos , que sostienen y legitiman la investigación de los físicos. Y si los físicos son buenos en su trabajo, no pueden evitar plantear el problema de los cimientos filosóficos de sus propios métodos . Esto es algo que ya sabíamos, tal como estábamos familiarizados con la revelación del libro (evidentemente obra de Mlodinow y la tripulación de la nave Enterprise) acerca de que en la Antigüedad la gente atribuía los desastres naturales a un Olimpo de divinidades maliciosas. Cielo santo y por Júpiter.

Copyright Umberto Eco / L’Espresso, 2011.

Vía Clarín.com

lunes, 16 de mayo de 2011

Filosofía y vida intelectual. Textos fundamentales

Filosofía. Entre 1994 y 1996 la editorial Trotta publicó las Obras completas de José Luis Aranguren en seis volúmenes en una cuidada edición de Feliciano Blázquez. Ahora edita una antología de "textos fundamentales" del filósofo en una excelente selección de Carlos Gómez conforme a dos criterios: el cronológico, que permite seguir la evolución, las reelaboraciones, las inflexiones y los cambios de acento de su pensamiento, y el sistemático, que facilita el conocimiento ordenado de las tesis centrales de su obra. Tres son los campos seleccionados, que se corresponden con los núcleos temáticos fundamentales en los que Aranguren demostró una constante creatividad e hizo aportaciones relevantes: la religión, estudiada desde la filosofía y la sociología; la ética, en el centro de su actividad académica y de su compromiso cívico; el oficio del intelectual, que mantiene una actitud siempre vigilante frente al poder, asume una misión transgresora, ejerce una función utópico-anticipatoria en tiempos de desencanto colectivo y constituye la conciencia moral de la sociedad. Los tres temas conforman una unidad armónica y diferenciada. La obra se abre con una introducción de Carlos Gómez, que destaca el plural legado intelectual, filosófico y moral del filósofo, y se completa con una entrevista de Javier Muguerza publicada por primera vez en 1993, en la que Aranguren ofrece las claves hermenéuticas para una mejor comprensión de su vida y su pensamiento y termina con unos dubitativos "puntos suspensivos" que dejan abierta la pregunta por la "otra" vida además de ésta. Esta antología nos muestra a un pensador original que, siguiendo las huellas de Kant, hizo uso público de la razón y enseñó a filosofar a varias generaciones, roturó nuevos campos de conocimiento y abrió nuevos horizontes de sentido. Y todo bajo el signo de la heterodoxia como método y talante, como forma de vivir y de pensar.

Vía: ElPais.com

¿Engels ante el tribunal de la historia? Dos notas sobre su biografía.




Una. La publicación de El gentleman comunista. La vida revolucionaria de Friedrich Engels, de Tristram Hunt (*), parece ser una buena noticia, quizás no tanto porque se trate del trabajo más minucioso que se haya escrito sobre el colega de Marx, sino sobre todo porque el autor –un historiador que además es diputado laborista británico, una credencial más que dudosa aunque habría que verlo más en detalle- concluye que Engels no fue responsable de los crímenes del estalinismo. Así, en una entrevista al autor en el diario Público, uno se encuentra de entrada con esta pregunta: ¿Por qué tantos intelectuales marxistas han acusado a Engels de la deriva totalitaria de Stalin y del comunismo soviético?

Lo cierto es que uno que intenta estar enterado de estas cosas estas cosas no se había percatado de que pasara algo así, pero Hunt no duda, y responde: ”En parte porque querían salvar a Marx. Si Engels era el responsable de lo ocurrido en el siglo XX, eso dejaría limpio a Marx. Hay elementos que conectan a Engels a través de Lenin con el materialismo dialéctico y la ortodoxia de los años treinta. Pero el libro demuestra que si sólo consideras esa parte de Engels, pierdes una parte muy importante de su pensamiento y obra. Es muy fácil e históricamente incorrecto acusarle de todos los males del marxismo-leninismo

Pero lo cierto es que la pregunta no parece que fuese tan desencaminada ya que días después, en el número del Babelia del 30 de abril, Antonio Elorza ejerciendo de fiscal del Tribunal (neoliberal) de la Historia, hace una reseña del libro en la que se podía leer la siguiente insinuación: “Este es uno de los aspectos más discutibles de la apreciación de Hunt, al ver en el Anti-Dühring "la expresión de una opinión marxista auténtica y madura" y "un magnífico sistema teórico", cuando en realidad el determinismo y la lógica de la inversión que presiden sus páginas, sobre un fondo de Hegel y Darwin mal interpretado, constituirá ante el futuro una verdadera maldición, para el pensamiento socialista. Releamos el párrafo en que nos cuenta Engels las maravillas que iban a seguirse automáticamente de "la toma de posesión de los medios de producción por la sociedad", la cual desembocaría en "el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad". Al desaparecer la represión, el Estado se haría innecesario. Llegados a este punto, resulta imprescindible establecer el vínculo de tales proposiciones con la dimensión utópica del Estado y la revolución de Lenin. Aquí sí que el sueño de la razón produce monstruos, por mucho que el imaginativo recorrido final de Hunt por la Rusia exsoviética y por las posibles huellas de Engels sobre el estalinismo le permita concluir que Engels no fue responsable de sus crímenes. Pero no es menos cierto que el castillo de ideas conducente al "reino de la libertad", al proyectar su dogmatismo y su milenarismo sobre una política revolucionaria, dejaba inevitablemente el protagonismo efectivo en manos de la violencia de Estado. Todo paraíso necesita la espada del arcángel san Miguel”.

Uno piensa, menos mal que no lo acusa de inspirar a ETA, porque Elorza te puede salir con esas con la ayuda de unas líneas “eruditas” extraídas de su pasado comunista lo que, por cierto, no sé hasta qué punto no le hace también responsable de unos crímenes que no niega ni tan siquiera Losurdo. Es más, Losurdo cita a una buena cantidad de líderes liberales comenzando por Churchill, que no tuvieron empacho en elogiar a Stalin cuyos desafueros resultan reducidos a la ideología marxista, como si el seminarista de Tiflis no hubiera sido mucho más deudor de las tradiciones escolásticas de las “almas muertas” del funcionariado gran ruso que salió por una puerta –con la revolución- pero que regresó por otra, la que lleva a dar primacía al Estado…

Semejante amalgama no debía sorprender en nuestro tiempo cuando el estalinismo el neoliberalismo triunfante ha conseguido convertir el estalinismo en una suerte de tinta negra que mancha todo lo que huela a marxismo, en realidad a toda disidencia por mínima que sea, así por citar un caso cercano, en la película Caza a una espía (Fair Game, Doug Liman, USA, 2010), que reconstruye la historia real de la agente secreta de la División de Anti-proliferación de la CIA, Valerie Plame (Naomi Watts), que se negó a mentir sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, por lo cual fue denunciada por la “gente más poderosa del mundo”, vemos como la señora es tratada de “comunista” por los medias más afines al poder, una historia reciente que rememora toda una “tradición” que convirtió en “agentes de Moscú” a toda clase de huelguistas y discrepantes de una manera constante y sistemática.

Semejante vía de culpabilización sistemática y casi institucional plantea al menos tres problemas de honestidad básicas, primero, parece que los únicos crímenes contra la humanidad perpetrados en la historia del siglo XX sean los del “comunismo”, una acusación que por lo demás tienen la siniestra virtud de esconder todos los otros, por ejemplo los del colonialismo…segundo, son los únicos que se atribuyen a los criterios ideológicos, así el señor el diputado europeo del PP, Aleix Vidal Cuadras puede hacer recaer sobre El Manifiesto Comunista el Gulag y todo lo demás, como si en nombre de dios, de la libertad no se hubieran perpetrado, y se perpetran otros mucho mayores, y tres, que esta línea de argumentación hace caso omiso de dos constataciones primordiales, la primera es que las víctimas fueron ante todo revolucionaos y comunistas, y segundo, que los que actuaban en nombre del “comunismo” eran cualquier cosa menos comunistas….

Dos. Han sido diversas las aproximaciones biográficas sobre “el gentleman comunista”, comenzando por la obra de G. Mayer, Friedrich Engels. Una biografía (FCE,. México), y podemos citar también los estudios de P. v. Kopnin, Engels y la filosofía de Hegel (Paidós, Buenos Aires, 1975), Engels y el materialismo histórico, de G. L. Gorshkova, Engels y la ciencia marxista, de E. T. Meliujin, Engels y la lógica de dialéctica, de I. S. Narsky, todos ellos autores soviéticos y editados también en Paidós. Pero sobre todo hay que des­tacar, El pensamiento filosófico de Engels, de Giuseppe Pres­tino (Ed. Siglo XXI, Madrid, 1975), y por la proximidad, y la más asequible de J. M. Bermudo Avila, Conocer Engels y su obra (Ed. Dopesa, Barcelona, 1980)…La de Hunt es ciertamente la más completa, y también la que más abunda en los elementos personales y de cotidianidad de Engels, su gusto por el “buen vivir”, su mayor tolerancia en las costumbres…

…sus relaciones con la revolucionaria irlandesa Mary Burns --ca­pítulo sobre el que Marx no quiere saber nada, incluso aún después de la muerte de ella, ocasionando la única sombra de la amistad entre ambos-- y estudia técnicas mi­litares, fisiología y etnología. Sus libros, artículos y ensayos sobre los temas más diversos forman extensísimo catálogo durante estos cincuenta en los que la estrella de los acon­tecimientos resulta muy tenue. Con una buena fortuna here­dada tras la muerte de su padre, Engels sostiene la economía casera de Marx metido en sus tareas de investigador. Esta­blece contacto con el nuevo movimiento obrero alemán y desarrolla una intensa actividad dentro de la AIT como miembro del Consejo General. Interviene decisivamente en el debate contra los bakuninistas, contra los que escribe Los bakuninistas en acción, en la que tiene como trasfondo la insurrección cantonal española del verano de 1873 y en la que, por falta de información seria, desmenuza la impor­tancia de los anarquistas. Escribe contra ellos: «...Los anti­autoritarios exigen qué el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aún antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe...».

Apreciamos que Engels Engels fue más pragmático en la política. No era un gran filósofo político como Marx. Era consciente de que necesitas una maquinaria política para conseguir resultados. Siempre estaba presionando a Marx para que terminara los escritos con los que guiar al movimiento político. Tenía un punto de vista mucho más práctico al enfrentarse a la política. Sobre asuntos como la vida en las grandes ciudades, el imperialismo o el feminismo, era capaz de partir desde Marx hacia otras direcciones. Lo más importante es que Engels comprendía la realidad práctica del capitalismo, cómo funcionaba por su experiencia en Manchester, lugar desde el que escribió uno de sus trabajos más importantes, La situación de la clase obrera en Inglaterra, un modelo de investigación social que ponía en evidencia el dolor y la miseria de los trabajadores y de sus familias, una realidad concreta sobre la que otros únicamente veían una fuente de beneficio al igual que Antonio Elorza y compañía ven privilegios y ventajas mientras venden la mitificación de un “Estado de Derecho” en el que los extranjeros sin dinero pueden morir en el anonimato de las pateras, y donde los gobiernos llaman “Ayuda humanitaria” a la guerras encubiertas y toman medidas a favor de los poderosos aunque la inmensa mayoría de la población estén en contra, y no se sientan representados, y es que tales “Derechos” son como diría Engels, más formales que otra cosa.

Finalmente, el caso es que ha aparecido esta biografía, un producto elaborado del que se pueden aprender muchas cosas y discutir oras tantas, y que la publicación nos ilustra de una tendencia: los lectores anticapitalistas van ganando a los anticomunistas…Así, por citar otro ejemplo, en L´Hora del Lector, un magnífico programa sobre libros del Canal 33 de Catalunya, la dueña de la Librería Francesa de Barcelona nos ilustraba del siguiente e importante dato: solamente en la diada de Sant Jordi habían vendido 1.500 ejemplares del panfleto ¡Indignaos¡, de Stéphane Hessel. Editorial: Destino. …

(*) El gentleman comunista. La vida revolucionaria de Friedrich Engels. Tristram Hunt. Traducción de Daniel Najmías. Anagrama. Barcelona, 2011, 435 páginas. 21,50 euros.

El Gran Hermano del siglo XVIII




Miguel Vendramin


En el invierno europeo de 1999, mientras caminaba por una calle de Londres, me vino a la memoria el nombre de Jeremy Bentham. Recordé un curioso artículo que hace mucho tiempo le había dedicado un gran escritor inglés, Aldous Huxley ("Variaciones sobre las cárceles", en Temas y v ariaciones, de 1962) en el que contaba su visita a la sede del University College, donde se exhibe la momia de Bentham, acompañado por una de las personalidades más admirables y menos recordadas de nuestro tiempo: el doctor Albert Schweitzer.

Bentham fue un pensador inglés del siglo XVIII, creador de un sistema filosófico cuyo nombre lo dice casi todo: el utilitarismo. En 1999, Big Brother ( Gran Hermano ), el reality show que hasta hace poco ha tenido, en nuestro país, su séptima versión, despertaba el interés unánime de los televidentes europeos. No creo que sus inventores, los productores de la empresa holandesa Endemol, hayan pensado en Jeremy Bentham. Y, sin embargo, es en él y en sus ideas, y no en 1984 , la inquietante novela de George Orwell en la que todo está controlado por la figura omnipresente del Gran Hermano, donde debería buscarse el antecedente más lejano, que recuerde, de Big Brother .

Jeremy Bentham vivió toda su larga vida en Londres. Había nacido en 1748 y murió allí en 1832. Fue un niño prodigio: a los tres años, leía en latín; a los 12, entró a Oxford, donde se graduó a los 16. Con antecedentes tan "dudosos", difícilmente se lo habría invitado hoy a un programa de televisión, ya que personas como él no aportan rating.

Un retrato pintado por H. W. Pickersgill, que se conserva en la National Portrait Gallery de Londres, lo refleja en su madurez con el pelo gris casi hasta los hombros, las manos pequeñas y cuidadas, la nariz afilada y la mirada inexpresiva, austero, con cierto aire de clérigo protestante. Por algo se lo llamó "el Lutero del mundo legal".

Charles Dickens, que tenía a menudo un humor zumbón, satirizó sutilmente a Bentham y su utilitarismo en una novela de título profético y casi siempre actualísimo: Tiempos difíciles , de 1854, en la que Thomas Grandgrind, uno de los protagonistas, reclama, igual que nuestro filósofo, hechos, realidades: Facts, facts, facts.

La vida de Bentham fue una larga aventura mental. ¿Qué otra cosa puede pensarse de alguien cuya única y gran pasión fue la crítica radical y la reconstrucción de todas las instituciones inglesas: economía, educación, religión, política, leyes?

Sin embargo, este hombre serio tenía su pizca de humor, su lado superficial, con esa amable frivolidad del siglo XVIII, que hace que lo veamos hoy de otra manera. Dispuso, por ejemplo, que su cuerpo fuera destinado a la disección y que su esqueleto se exhibiera, con un toque de macabro british humour , vestido con sus propias ropas -pantalones de algodón blanco, levita verde, sombrero de paja de ala ancha- en una suerte de garita situada en lo alto de la escalera del University College de Londres, que había ayudado a fundar.

Aldous Huxley recuerda la risueña exclamación del doctor Schweitzer cuando se enfrentó con la momia: "¡Querido Bentham! Me gusta mucho más que Hegel. Fue responsable de mucho menos daño". Por cierto, no le faltaba razón. "De las profundidades de Hegel -escribe Huxley-, surgieron la tiranía, la guerra y las persecuciones; de la superficialidad de Bentham [?], casi todo lo sensible y humano en la civilización del siglo XIX."

Durante casi veinticinco años, Jeremy Bentham se dedicó a elaborar los planos de una prisión perfectamente eficiente, un edificio circular denominado Panopticon, construido de tal manera que los presos debían pasar su vida en constante soledad y bajo la vigilancia perpetua de un guardián, colocado en el centro, que no podía ser visto.

La idea la tomó prestada de su hermano, sir Samuel Bentham, destacado arquitecto naval que durante el reinado de Catalina la Grande construyó barcos de guerra para Rusia y diseñó una fábrica de líneas panópticas (es decir, que todo puede verse desde todos lados y en todo momento) con el propósito de que los operarios trabajaran más.

La cárcel referida nunca se construyó, pese a que Jeremy Bentham firmó un contrato con el gobierno británico. Lo curioso de esta idea -que tiene mucho de inhumana- es que nació con el propósito de hacer más llevadera la vida de los prisioneros, víctimas de un tratamiento casi siempre insensible y brutal.

Dos siglos después, el francés Michel Foucault comparó la sociedad actual con la cárcel panóptica ideada por el filósofo utilitarista. Las pruebas están a la vista.

Sin embargo, la diferencia esencial entre el ciclo Gran Hermano y el Panopticon ideado por Bentham es, básicamente, ésta: en el reality show , los participantes viven prisioneros de su propio exhibicionismo; en el Panopticon, los presos son víctimas de un exhibicionismo no buscado. Otra diferencia es que allí no existe, como en el primero de los programas mencionados, el voto de la gente que les permita abandonar la cárcel: no pueden ser nominados.

Están dentro de un laberinto y, como Asterión, el Minotauro, esperan a un futuro Teseo que los redima de esa prisión permanente de ojos y miradas que se bifurcan.

Vía: La Nacion


sábado, 14 de mayo de 2011

Revisitando a Aristóteles

Una edición de lujo acerca el vocabulario aristotélico a los lectores del XXI. Se trata de un trabajo exhaustivo realizado por profesionales de la UNCuyo. Revelaciones y nuevos perfiles.


Revisitando               a Aristóteles

Los especialistas del Departamento de Lenguas Clásicas y Filosofía que conformaron el equipo de trabajo..

"Creo que el estudio de Aristóteles es como la barra para los bailarines, sea cual sea la tendencia filosófica que se tenga", desliza Jorge H. Evans. Él, profesor de Lógica Metafísica, histórico catedrático de la UNCuyo, realiza en el aire un gesto de ballet. No es casual, pues, que alrededor suyo haya una danza de papeles. Y entre ellos un flamante libro (grueso volumen) recién editado por Santiago Arcos.

"A ver: ¿qué quería decir Aristóteles cuando usaba, por ejemplo, el término ?logos'?" Entre sus apuntes académicos, Jorge ilumina un desafío y acerca su lupa. Con docta paciencia, espera a que contemos cuántas páginas le dedica el "Index Aristotelicus" (texto del que hablaremos luego) a ese vocablo fundamental. Unas 5, calculamos. "¿Y cuántas, la Antología que acabamos de lanzar?", insiste abriendo el libro que nos importa. Unas... ¡140!

Jorge Evans Civit sonríe satisfecho. Nos invita a entrar en la "Antología del Index Aristotelicus de H. Bonitz" con algunas certezas. Uno: es una suerte de manual para el ámbito académico, pero también para lectores de filosofía en general. Dos: es el resultado de un trabajo de equipo que involucró a profesionales de filosofía de la UNCuyo y del departamento de Lenguas Clásicas.

Veamos: ¿qué ha mantenido ocupado durante 4 años (o sea, dos subsidios) a este doctor en Filosofía y a las profesoras de Griego?

Evans explica: "el Index Aristotelicus del alemán H. Bonitz (que data de 1870) es uno de los libros más importantes que se han escrito sobre Aristóteles". Es, en síntesis, un diccionario que despeja los ?términos filosóficos' del Estagirita. Ahora bien, para abordarlo hay que dominar el latín y el griego, pues Bonitz ha escrito su obra en estas lenguas. "Entonces, para librar de estos escollos lingüísticos tanto al estudiante universitario como al investigador de habla española, hemos realizado una ?Antología del Index Aristotelicus de H. Bonitz', en la que, por un lado, se han traducido al español los textos latinos correspondientes a los comentarios del alemán, y, por el otro, se han presentado en español cientos y cientos de ejemplos que Bonitz meramente indica, sin transcribirlos".

Primero, hubo que seleccionar un número de vocablos griegos (34) usados por Aristóteles. Claro que se tuvo en cuenta aquellos más relevantes para entender, especialmente desde el punto de vista lógico-metafísico, su pensamiento.

Lo cierto es que, hasta ahora, la bibliografía en español sobre Aristóteles no contaba con un material semejante. "Nuestra Antología constituye una novedad bibliográfica muy importante", entusiasma el editor, quien ya ha recibido buenas críticas y el pedido de ejemplares por parte de los alumnos de la Universidad de Chile.

Puede que la filosofía antigua no tenga hoy tanta vigencia como cuando Evans se formó. De hecho, recuerda con claridad esa época dorada de los estudios aristotélicos en la que Diego Pró tradujo el "Aristóteles" de Ross, Noussan-Lettry el "Critón" de Platón y Ruiz Díaz, el "Ion", Roig escribió "Platón o la filosofía como libertad y expectativa" y Hector J. Padrón, "Materia y materiales en Aristóteles".

De todos modos, asume que las vigencias van y vienen. y su solidez lo avala: desde 1994 hasta el 2009, Evans dirigió proyectos de investigación sobre Aristóteles subsidiados por la SECYT (actualmente SECTyP) de la UNCuyo. Por eso, hoy subraya su agradecimiento a la Secretaría por el financiamiento que hizo posible esta edición.

jueves, 12 de mayo de 2011

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miércoles, 11 de mayo de 2011

La filosofía y el televisor

“La filosofía de House”, “La filosofía de Lost” y “Los Soprano y la filosofía”, entre otros, prueban que en el cruce entre TV, cine, Platón y Nietzsche hay un fértil mercado editorial.

POR Federico Kukso


Pese a los comentarios históricamente incorrectos alguna vez deslizados por un ex presidente argentino de patillas por muy pocos olvidado, Sócrates –como todo el mundo sabe o, al menos, debería saber– no dejó ninguna obra escrita (que se sepa, claro). Lo suyo, más bien, era la oralidad, la palabra viva, plantarse en una esquina, plaza o mercado bullicioso de la Atenas de fines del siglo V antes de Cristo y comenzar a mover los brazos y señalar con el dedo para acompañar así con una batería de gestos sus reflexiones sobre la virtud, la verdad, la justicia, la belleza, el amor, la libertad, la vida y la muerte.

En lugar de dar respuestas, Sócrates suministraba gratuitamente inquietudes. Incitaba a poner en tela de juicio absolutamente todo y a demostrar qué opiniones y juicios estaban basados en las costumbres y la religión y cuáles en la razón. Y para hacerlo no se hacía el serio ni se llenaba la boca con términos complicados. El, más bien, usaba como gancho ejemplos del arte, la música y el deporte o cualquier asunto conocido o considerado interesante por sus interlocutores para de esa manera moverlos a hacer algo tan poco habitual, pensar. Por eso, a este hombre que terminó siendo condenado a muerte por sus ideas se lo considera no sólo la primera gran figura de la filosofía occidental. También se lo recuerda como el primer “filósofo pop”, un representante de un modo, tendencia o fórmula que busca despertar la curiosidad por las grandes preguntas de la filosofía a través de recursos de lo más insospechados y que ahora, 2500 años después de la muerte de aquel ateniense que “sólo sabía que no sabía nada”, vuelve a tomar fuerza y a aterrizar en las librerías como una nueva moda.

Basta tan sólo con abrir un poco los ojos y correr del medio los “libros spam” que se acumulan mes a mes en los estantes (asegurando desde ahí tener las respuestas a todos los problemas) para distinguir una nueva generación de libros que combinan lo mejor de ambos mundos. Por un lado, ensayos filosóficos sobre moral, la voluntad de poder y el nihilismo y por el otro, aquella nueva narrativa o “literatura audiovisual” que con los años fueron construyendo las series y películas. Ahí están pues La filosofía de House: todos mienten (Selector editorial), La filosofía de Lost: la isla tiene sus razones (Libros del Zorzal), Lost: la filosofía (Grijalbo) y los recientes y no menos interesantes Los Soprano y la filosofía y El Señor de los anillos y la filosofía, ambos de editorial Ariel.

Cada una a su manera, estas obras son la prueba de que lejos de morir y ser sepultada como decretó (y quizás por lo bajo deseó) el astrofísico inglés Stephen Hawking en su último y publicitariamente inflado libro, El gran diseño, la filosofía más bien evolucionó en los últimos años. O mejor: que los editores finalmente abrieron los ojos y vieron que en este cruce entre TV y cine y Platón, Nietzsche, Sartre y compañía se abría un nuevo mercado a explorar.

La disciplina que con los siglos fue construyendo una imagen de solemnidad exacerbada, de temas profundos y abstractos destinados a ser divagados sólo por un círculo de cerebros privilegiado de repente hizo “pop”: como soñó e impulsó en su momento Gilles Deleuze y después aceleraron Michel Onfray y Slavoj Zizek, la filosofía comenzó a salir de su cárcel, las aulas de las universidades. Y experimentos de filosofía para no filósofos de repente se reprodujeron por todo el planeta como un virus.

Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta (1974) del estadounidense Robert M. Pirsig y El mundo de Sofía (1991) del noruego Jostein Gaarder abrieron el camino y demostraron en su momento la existencia de un interés, una pequeña llama que debía ser alimentada. Quedó claro que cualquier tema o cosa es capaz de intrigar. Todo sirve para pensar. Sólo basta con estar con los ojos bien abiertos como un cazador furtivo en busca de su nueva presa.

En su escape fuera de las aulas, la filosofía vio luz y también saltó a la televisión. Y fue en Seinfeld y la filosofía: un libro sobre todo y nada (1999) de William Irwin –por entonces, un profesor de filosofía de 26 años del King’s College de Pensilvania, Estados Unidos– en el que la filosofía pop encontró su primer gran boom editorial, algo bastante entendible en un país como Estados Unidos de una rica tradición en estudios culturales.

Lo que parecía al principio un chiste o una versión filosófica del affaire Sokal (Jerry Seinfeld es comparado con Sócrates, George Costanza con el hombre sin virtudes de Aristóteles y se analiza a Kramer bajo la lente de Soren Kierkegaard) terminó por atraer a un público nuevo y curioso con ganas de seguir en contacto con sus ídolos televisivos incluso en un libro de filosofía desacartonada.

Desde entonces, a Irwin se lo compara a grandes rasgos con Andy Warhol. No por su genialidad sino por su actitud e intención de romper con la seriedad de una tradición milenaria y de observar y rastrillar el ecosistema de la cultura popular en el que habitamos (series, películas, música, videojuegos, deportes y muchos etcétera) desde una perspectiva filosófica.

“Desde hace cientos de años que la filosofía tiene un problema de relaciones públicas –cuenta Irwin, quien luego de su primer experimento estableció una colección en la editorial Blackwell llamada Pop & Philosophy (www.andphilosophy.com)–.

Al vincular la filosofía y la cultura popular llevamos a la filosofía más allá de la academia. La cultura popular es el lenguaje comercial de nuestra época. Y debemos aprovechar esta situación y usar series y películas como vehículos, como disparadores.

La mayoría de los filósofos comprenden que con estos libros tratamos de difundir la filosofía como lo hacía Sócrates. A veces me topo con algunos prejuicios, pero no permito que me molesten mucho”.

Desde aquel Big Bang de la filosofía pop, ya hay más de 50 títulos que toman una serie o película (desde The Office a 24 y los X-Men ) y le agregan el “y la filosofía” (o “La filosofía de...”), una modalidad similar a la vivida en la divulgación científica con libros del tipo La ciencia de La Guerra de las Galaxias (Jeanne Cavelo, 2000) o La física de los superhéroes (James Kakalios, 2009).

De esa combinación salieron propuestas, algunas atractivas y otras algo forzadas pero que a la larga ayudan a salir de la pasividad del mero consumo para incitar la reflexión: Batman y la filosofía: el señor oscuro del alma, Tomar la pastilla roja: ciencia, filosofía y religión en The Matrix, U2 y la filosofía: cómo descifrar una banda atómica, El filósofo en el fin del universo: filosofía explicada a través de la ciencia ficción, James Bond y la filosofía: las preguntas son para siempre y el reciente y muy esperado Mad Men y la filosofía: nada es lo que parece.

Por ahora pocas de estas propuestas probaron suerte en la Argentina. Quien más conoce del tema es Leopoldo Kulesz, director de Libros del Zorzal: “En la feria de Frankfurt de 2009, un agente literario me presentó la colección Pop & Philosophy de la editorial Blackwell integrada, entre otros, por el libro La filosofía de Lost –comenta–. Lo leí rápido y, como adicto a Lost, resultó una lectura agradable e interesante. Compré los derechos y lo publicamos para la Feria del Libro de Buenos Aires 2010. Vendimos, sólo en nuestro stand, más de mil ejemplares”.

Pero cuando parecía que el mismo fenómeno que tuvo éxito en Estados Unidos estaba encaminado a repetirse en el país, algo pasó. “Por acto reflejo, compré de la misma colección los derechos de La filosofía de Crepúsculo, La filosofía de Harry Potter, La filosofía de Batman y La filosofía del hombre araña –continúa Kulesz–. Cuando salió La filosofía de Crepúsculo, algo empezaba a hacerme ruido. Claro, Crepúsculo como Harry Potter, Batman y El hombre araña me interesaban tanto como la cría de mejillones en la costa bretona. Me había dejado entrampar en la lógica del ‘se vende mucho, luego edito’ cuando desde mis inicios como editor el precepto fue siempre ‘me parece importante difundir, luego edito y dedico todos mis esfuerzos para vender a morir’. Así, devolví los derechos de Harry Potter , Batman y El hombre araña a su editor original, perdí los anticipos pagados y me prometí no dejarme encandilar nunca más por otras colecciones que no me interesan difundir. Salvo, como es obvio, que el primer libro se venda mucho”.

Vía: revistaenie

martes, 10 de mayo de 2011

Espíritu de Ikram, recuerdos de la filósofa Ikram Antaki.






Sergio Sarmiento


“Y la fuente era transparente / y las inteligencias compartidas.

Ikram Antaki

Distrito Federal– Ikram Antaki era incansable. No sólo escribía sin cesar y discutía con vehemencia en programas de radio o televisión, sino que cuando se reunía con amigos debatía hasta agotar a todos. No tenía paciencia para la charla ligera.

Esta mujer pequeña y combativa, de ojos claros, nacida en Siria y educada por monjas francesas en Damasco, estudió en la Universidad de París VII Denis Diderot y terminó por establecerse en México donde murió el 31 de octubre de 2000.

Era una filósofa en el verdadero sentido de la palabra: una persona que constantemente buscaba el sentido último de las cosas y de la vida.

No podría haber sido una simple maestra que repitiera en el aula las informaciones aprendidas en la universidad.

Ikram escribió una gran variedad de obras: desde poesía y una entrevista con Yasir Arafat, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), hasta novelas.

Su reputación, sin embargo, se basa en sus ensayos filosóficos y sociales, muchos incluidos en la serie El banquete de Platón. Dos de sus novelas, El secreto de Dios (1992) y El espíritu de Córdoba (1994), son también reflexiones filosóficas.

El medio más natural de expresión de su pensamiento fue la radio.

Sus intervenciones en “Monitor”, el programa matutino de José Gutiérrez Vivó, le crearon un amplio público de admiradores, algo inusitado para cualquier filósofo.

En la antigua Grecia, me imagino, la habrían expulsado del ágora por ser mujer y por brillar con una inteligencia que pocos hombres alcanzan.

En el México de la década de 1990 encontró en la radio esa plaza pública en la que podía ventilar sus argumentos.

Era fascinante escuchar a esta mujer recurrir en radio a la mayéutica y hacer preguntas al público y al conductor para ir descubriendo progresivamente la verdad.

Ikram fue lo más cercano a un Sócrates que pueda existir en el mundo contemporáneo. Por eso, supongo, escogió el título de El banquete de Platón para reunir sus reflexiones.

Ikram no era una mujer dulce. Su impaciencia ante la ignorancia o la estupidez afloraba de inmediato.

Cuando alguien cometía esos pecados, no tenía ningún pudor en hacérselo sentir. Podía, de hecho, ser muy hiriente.

Mucha gente con ínfulas de intelectualidad o de cultura la aborrecía por ello.

Por otra parte, Ikram no limitaba su crítica a las personas en lo individual.

Su ensayo, El pueblo que no quería crecer, publicado en 1996 bajo el seudónimo de Polibio de Arcadia, era un durísimo cuestionamiento a los autoengaños de los mexicanos, que contrastaba con la usual complacencia hacia México de quienes han decidido vivir en el país.

Ikram tenía una disciplina notable de pensamiento y de trabajo que le permitió ir creando un cuerpo de pensamiento enciclopédico a pesar de que buena parte de éste se producía para medios populares.

Por eso es tan importante que su obra esté hoy presente en una antología, De El banquete de Platón y otros textos (Planeta), que este miércoles presentó su hijo Maruán Soto Antaki.

Sólo cuando los trabajos de Ikram se estudian en conjunto se percibe su coherencia integral.

Detrás de la dureza, Ikram era una mujer de gran tolerancia.

Había en ella el espíritu de un Levante que un tiempo se caracterizó por permitir la convivencia pacífica de culturas distintas.

Por eso también escribió una novela sobre el espíritu de la Córdoba andalusí, el reino en que musulmanes, cristianos y judíos pudieron convivir y construir una de las culturas más ricas de la historia.

Hoy, al recordarla, pienso que su mayor legado es haber recuperado ese espíritu de Córdoba para un México tan necesitado de la tolerancia.

HIPATIA

En la Alejandría de los siglos IV y V vivió también una filósofa, Hipatia. Cabeza de la escuela neoplatónica, realizó importantes trabajos en matemáticas. Fue asesinada por un grupo de cristianos que la mataron “en nombre de Dios” por ser mujer y pagana.

Vía: diario.com.mx

El filósofo italiano Massimo Borghesi: “La cultura es grande sólo cuando valora la dimensión religiosa del hombre” .




Por: Jesús Domingo

El filósofo italiano Massimo Borghesi y Javier Prades, decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, han explicado cuál es el sentido y la importancia del lema de la presente edición del Encuentromadrid: “Inteligencia de la fe; inteligencia de la realidad”, extraído de un discurso pronunciado recientemente por Benedicto XVI. La tarea a la que nos invitan las palabras del pontífice es “recuperar la incidencia de la fe en la vida social para que recupere un protagonismo real; esto sólo sucederá si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad” ha subrayado Javier Prades.

“Si hay que recuperar esta incidencia es precisamente porque se ha perdido, porque la fe se ha separado de la vida”. Las consecuencias de esta separación son nefastas y afectan a todo hombre, cristiano y no cristiano: en definitiva, “lo que está en crisis es ese misterioso nexo que une nuestro ser con lo real”, ha dicho Prades citando a la filósofa española María Zambrano.

“El universalismo cientifista y la incapacidad de distinguir ficción de realidad” son sólo dos ejemplos que muestran hasta qué punto “nuestra sociedad científico-técnica ha perdido la capacidad de acoger la realidad así como aparece”. “Si se debilita la relación con lo real, se debilita inevitablemente la conciencia que tenemos de nosotros mismos: `todos los días yo soy yo, pero ¡qué pocos días yo soy yo!’ (J. R. Jiménez)”.

Borghesi, a la luz de su reciente libro sobre Giussani y Montini, ha subrayado la novedad que supuso y supone dentro de la iglesia el pensamiento de ambos autores en torno a la idea de “sentido religioso”. Uno y otro publicaron en 1958 y 1957 dos escritos que hacían coincidir de un modo esencial “razón” y “sentido religioso”. “Ambos escritos tuvieron un valor revolucionario”. Ante un cristianismo temeroso de la modernidad, la idea del sentido religioso permitía afirmar tanto la dimensión religiosa de todo hombre como la unidad entre la fe y las exigencias y evidencias propias de la razón. Citando a Montini, “el sentido religioso es la inclinación del hombre a su principio, la tensión a su destino”. Se entiende así porqué “la fe sin el sentido religioso está muerta. Se convertiría en una costumbre, en una obediencia pasiva incapaz de afrontar el laicismo burgués o el ateísmo marxista”, ha afirmado Massimo Borghesi. Así, “la profunda unidad entre fe y religiosidad es la ocasión privilegiada de afrontar el mundo moderno”. “La fe no puede resistir si no es una fe personal y libre; sin las grandes preguntas del hombre, las del sentido religioso, la fe se convierte en una piedra y el hombre deja de ser hombre”.

Ambos pensadores han señalado cómo el sentido religioso permite encontrarse con todos en el atrio de los gentiles. “La búsqueda del dios desconocido propia del sentido religioso” es diálogo y tensión que nos lanza a valorarlo todo, que se convierte necesariamente en cultura. En esta línea, Borghesi ha recordado a modo de ejemplo que “Giussani tomó al ateo Leopardi como interlocutor, como figura paradigmática de la seriedad que un hombre puede tener con sus preguntas más radicales”. “La única condición para que el sentido religioso se muestre con claridad es el afecto a la realidad y a sí mismos”. “No hay verdadero conocimiento si no es un conocimiento afectivo”, dijo Javier Prades.

Finalmente, tanto Prades como Borghesi, pusieron de manifiesto la pertinencia actual de la reflexión sobre el sentido religioso: “es el tiempo de las personas” ha afirmado Borghesi recordando una entrevista de Testori a Giussani. “En un tiempo marcado por la indiferencia el encuentro entre personas despierta lo humano en el desierto. Sólo un hecho totalmente gratuito puede volver a despertar las grandes preguntas del hombre”.

Finalmente, Javier Prades ha comentado al hilo de la realidad española: “La Sagrada Familia de Gaudí, como expresión genuinamente católica, muestra su universalidad, corresponde a las exigencias de justicia, verdad y belleza de cada hombre. Obras así echan por tierra el supuesto dogma de la incomunicabilidad entre cristianos y no cristianos”.


Vía: aragonliberal.es

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