Alain Badiou y el 15-M: “una modificación brutal de la relación entre lo posible y lo imposible”.

En su sesión del 25 de mayo de 2011 de su seminario “¿Qué significa cambiar el mundo?”, el filósofo francés Alain Badiou hace alusiones directas al movimiento 15-M y aporta algunos conceptos y juegos de distinciones altamente precisos, pertinentes y orientadores para pensar lo que (nos) está pasando.

Heidegger, el enemigo filosófico número 1.

Una reflexión crítica sobre el pensamiento de Martín Heidegger y su compromiso político.

Michel Onfray Filósofo aquí y ahora [Documental subtitulado]

Documental del canal Arte, realizado en 2008 sobre la vida del filósofo.

La actualidad de Karl Marx [Podcast]

Jean-Philippe Jáze. Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades, UAEM, nos habla de la importancia del pensamiento de Karl Marx.

Esbozo histórico de la filosofía mexicana del siglo XX.

Un recorrido por los más importantes pensadores de la filosofía mexicana.

Sartre: "La edad de las pasiones". [Película con subtítulos en español]

Película en dos partes hecha para la televisión francesa en donde se aborda la vida de Sartre y su inseparable compañera Simone de Beauvoir en medio de la rebelión en Argelia, la oposición en contra de De Gaulle y su vida amorosa, pasando por su visita a Cuba y Rusia y sus manifestaciones políticas..

Foucault por sí mismo [Documental con subtítulos en español]

Documental que ofrece un panorama de algunos de los temas principales sobre los que reflexionó Michel Foucault a lo largo de su vida. Este panorama se construye a partir de las propias palabras del autor, puesto que el documental en su totalidad está conformado por la ilación de fragmentos de declaraciones de Foucault, de algunos de los cursos que dictó y de citas de sus textos.

Zizek! El documental [Subtitulado en español]

Documental Zizek! realizado por Astra Taylor y protagonizado por el escritor y académico conocido en todo el mundo como “el Elvis de la teoría cultural”, el esloveno Slavoj Zizek, donde se explora su trabajo y excéntrica personalidad.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Entrevista con Michel Foucault, en Bentham, Jeremías: “El Panóptico”.




Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del siglo XVIII que ha permanecido desconocida. Sin embargo, tú has escrito una serie de frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: “Un acontecimiento en la historia del espíritu humano”, “Una especie de huevo de Colón en el campo de la política”. Por lo que se refiere a su autor, el jurista inglés Jeremías Bentham, lo has presentado como el “Fourier de una sociedad policial”(1). Para nosotros es un misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico.

Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el soporte de un nuevo tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos más constantes.

En el caso de los hospitales este problema presentaba una dificultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los contagios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cuidadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había pensado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas.

Después, estudiando los problemas de la penalidad, he visto que todos los grandes proyectos de remozamiento de las prisiones (que dicho sea de paso aparecen un poco más tarde, en la primera mitad del siglo XIX), retornaban al mismo tema, pero ahora refiriéndose casi siempre a Bentham. Casi no existían textos ni proyectos acerca de las prisiones en los que no se encontrase el “invento” de Bentham, es decir, el “panóptico”.

El principio era: en la periferia un edificio circular; en el centro una torre; ésta aparece atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el interior que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno. Mediante el efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y recortadas en la luz. En suma, se invierte el principio de la mazmorra. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra que en último término cumplía una función protectora.

Sorprende constatar que mucho antes que Bentham esta preocupación existía ya. Parece que uno de los primeros modelos de esta visibilidad aislante había sido puesto en práctica enla EscuelaMilitarde París en 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada uno de los alumnos debía disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto toda la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los criados. Existía además un mecanismo muy complicado con el único fin de que el peluquero pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo físicamente: la cabeza del alumno pasaba a través de un tragaluz, quedando el cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permitía ver todo lo que ocurría. Bentham ha contado que fue su hermano el que visitandola Escuelamilitar tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas estaba presente.

Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina que construye en Arc-et-Senans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un elemento suplementario: que exista un punto central que sea el lugar del ejercicio y, al mismo tiempo, el lugar de registro del saber. De todos modos si bien la idea del panóptico es anterior a Bentham, será él quien realmente la formule, y la bautice. El mismo nombre de “panóptico” parece fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues simplemente imaginado una figura arquitectónica destinada a resolver un problema concreto, como el de la prisión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera invención que él mismo denomina “huevo de Colón”. Y, en efecto, lo que buscaban los médicos, los industriales, los educadores y los penalistas, Bentham se lo facilita: ha encontrado una tecnología de poder específica para resolver los problemas de vigilancia.

Conviene destacar una cosa importante: Bentham ha pensado y dicho que su procedimiento óptico era la gran innovación para ejercer bien y fácilmente el poder. De hecho, dicha innovación ha sido ampliamente utilizada desde finales del siglo XVIII. Sin embargo los procedimientos de poder puestos en práctica en las sociedades modernas son mucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir que el principio de visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX.

Michelle Perrot: ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué pensar por otra parte de la arquitectura como modo de organización política? Porque en último término todo es espacial, no solo mentalmente, sino materialmente en este pensamiento del siglo XVIII.

Foucault: Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituían las grandes formas a las que hay que añadir las plazas fuertes: se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organización del espacio para fines económico-políticos.

Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se come, se recibe…, en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obreras en los años 1830-1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra habitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habitación de los hijos.

Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribirse toda una “historia de los espacios” -que sería al mismo tiempo una “historia de los poderes”- que comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del hábitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la organización hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-políticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de los espacios aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se reenviaba a la “naturaleza” -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la “geografía física”- es decir a una especie de capa “prehistórica”, o bien se lo concebía como lugar de residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un Estado.

En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que importaba era el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-política que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia respecto a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y experimental desalojaron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del cosmos, del espacio finito e infinito.

Esta doble ocupación del espacio por una tecnología política y por una práctica científica ha circunscrito la filosofía a una problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el filósofo tiene que pensar es el tiempo -Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa del espacio que aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-.

M. P.: De paso, me parece que la noción de sexualidad es muy importante tal como señaló Ud. apropósito de la vigilancia en el caso de los militares; de nuevo aparece este problema con la familia obrera; es sin duda fundamental.

Foucault: Totalmente de acuerdo. En estos temas de vigilancia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso dela Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación.

M. P.: Siguiendo con la arquitectura, ¿no le parece que individuos como los médicos, cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio? La higiene social nace entonces; en nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, se sitúan ente los más sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la temperatura, datos que encontramos en la encuesta de Howard sobre las prisiones (2).

Foucault: Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientos (climas regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de “constitución”, estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de enfermedad); el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y los animales: mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios); el de las residencias (hábitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hombres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido con los militares, los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las “campañas” (y por lo tanto el de los “pasos”) y el de las fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes etapas del pensamiento sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos comienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes.

De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de población.

M. P.: Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos.

Foucault: Al igual que sus contemporáneos Bentham se encuentra con el problema de la acumulación de hombres. Pero mientras que los economistas planteaban el problema en términos de riqueza (población-riqueza ya que mano de obra, fuente de actividad económica, consumo; y población-pobreza ya que excedente u ociosa), Bentham plantea la cuestión en términos de poder: la población como blanco de las relaciones de dominación. Se puede decir, creo, que los mecanismos de poder, que intervenían incluso en una monarquía administrativa tan desarrollada como la francesa, dejaban aparecer huecos bastante amplios: sistema lacunar, aleatorio, global, que no entra en detalles, que se ejerce sobre grupos solidarios o practica el método del ejemplo (como puede verse claramente en el sistema fiscal o en la justicia criminal); el poder tenía pues una débil capacidad de “resolución” como se diría en términos de fotografía, no era capaz de practicar un análisis individualizante y exhaustivo del cuerpo social. Ahora bien, las mutaciones económicas del siglo XVIII han hecho necesaria una circulación de los efectos de poder a través de canales cada vez más finos, hasta alcanzar a los propios individuos, su cuerpo, sus gestos, cada una de sus habilidades cotidianas. Que el poder, incluso teniendo que dirigir a una multiplicidad de hombres, sea tan eficaz como si se ejerciese sobre uno solo.

M. P.: Los crecimientos demográficos del siglo XVIII han contribuido sin duda al desarrollo de un poder semejante.

J.-P. B.: ¿No es sorprendente entonces saber que la Revolución francesa a través de personas comoLa Fayette, ha acogido favorablemente el proyecto del panóptico? Se sabe que Bentham, como premio a sus desvelos, ha sido hecho “Ciudadano francés” en 1791.

Foucault: Yo diría que Bentham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en efecto, el sueño rousseauniano que ha animado a tantos revolucionarios?: el de una sociedad transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no existan zonas oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder real o por las prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada uno, desde el lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la sociedad; que los corazones se comuniquen unos con otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno. Starobinski ha escrito páginas muy interesantes respecto a este tema enLa Transparencia y el obstáculo y en La invención de la libertad.

Bentham es a la vez esto y todo lo contrario. Plantea el problema de la visibilidad, pero pensando en una visibilidad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante. Hace funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en provecho de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran tema rousseauniano -que es en alguna medida el lirismo dela Revolución-se articula la idea técnica del ejercicio de un poder “omnicontemplativo” que es la obsesión de Bentham. Los dos se unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de Bentham.

M. P.: Hay una frase en el Panóptico: “Cada camarada se convierte en un vigilante”.

Foucault: Rousseau habría dicho justamente lo inverso: que cada vigilante sea un camarada. Véase El Emilio: el preceptor de Emilio es un vigilante, es necesario que sea también un camarada.

J.-P. B.: La Revolución francesa no sólo no hace una lectura próxima a la que hacemos ahora sino que incluso encuentra en el proyecto de Bentham miras humanitarias.

Foucault: Justamente, cuando la Revolución se pregunta por una nueva justicia el resorte para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que las gentes fuesen castigadas; sino hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida en que se sentirían sumergidas, inmersas, en un campo de visi-bilidad total en el cual la opinión de los otros, la mi-rada de los otros, el discurso de los otros, les impidan obrar mal o hacer lo que es nocivo. Esto está presente constantemente en los textos de la Revolución.

M. P.: El contexto inmediato ha jugado también su papel en la adopción del panóptico por la Revolución: en este momento el problema de las cárceles está a la orden del día. A partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte inquietud respecto a este tema como puede constatarse a través de la encuesta de Howard sobre las prisiones traducida al francés en 1788.Hospitales y cárceles son dos grandes temas de discusión en los salones parisinos, en los círculos ilustrados. Se ha convertido en algo escandaloso el que las prisiones sean lo que son: una escuela del vicio y del crimen; y lugares tan desprovistos de higiene que en ellos se muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo se deteriora el cuerpo, cómo se dilapida en semejantes sitios. Llegada la Revolución francesa, emprende a su vez una encuesta de alcance europeo. Un tal Duquesnoy es el encargado de hacer un informe sobre los establecimientos llamados “de humanidad”, vocablo que comprende hospitales y prisiones.

Foucault: Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda mitad del siglo XVIII: el espacio oscuro, la pantalla de oscuridad que impide la entera visibilidad de las cosas, las gentes, las verdades. Disolver los fragmentos de noche que se oponen a la luz, hacer que no existan más espacios oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras negras en las que se fomenta la arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las supersticiones religiosas, los complots de los tiranos y los frailes, las ilusiones de ignorancia, las epidemias. Los castillos, los hospitales, los depósitos de cadáveres, las casas de corrección, los conventos, desde antes de la Revolución han suscitado una desconfianza o un odio que no fueron subestimados; el nuevo orden político y moral no puede instaurarse sin su desaparición. Las novelas de terror en la época de la Revolución, desarrollan todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo oculto, de la mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad significativa, a los truhanes y a los aristócratas, a los monjes y a los traidores: los paisajes de Ann Radcliffe son montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en los que la oscuridad y el silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios imaginarios son como la “contra-figura” de las transparencias y de las visibilidades que se intentan establecer entonces. Este reino de “la opinión” que se invoca con tanta frecuencia en esta época, es un modo de funcionamiento en el que el poder podría ejercerse por el solo hecho de que las cosas se sabrán y las gentes serán observadas por una especie de mirada inmediata, colectiva y anónima. Un poder cuyo recorte principal fuese la opinión no podría tolerar regiones de sombra. Si se han interesado por el proyecto de Bentham se debe a que, siendo aplicable a tantos campos diferentes, proporcionaba la fórmula de un “poder por transparencia”, de un sometimiento por “proyección de claridad”. El panóptico es un poco la utilización de la forma “castillo: (torreón rodeado de murallas) para paradójicamente crear un espacio de legibilidad detallada.

J.-P. B.: Son en definitiva los rincones ocultos del hombre lo que el Siglo de las Luces quiere hacer desaparecer.

Foucault: Indudablemente.

M. P.: Sorprenden también las técnicas de poder que funcionan en el interior del panóptico. La mirada fundamentalmente, y también la palabra puesto que existen esos famosos tubos de acero -extraordinaria invención- que unen el inspector central con cada una de las celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un prisionero sino pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de la disuasión está muy presente en el texto de Bentham: “Es preciso -dice- estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y casi el pensamiento de quererlo”. Nos encontramos de lleno con las preocupaciones de la Revolución: impedir a las gentes obrar mal, quitarles las ganas de desearlo, en resumen: no poder y no querer.

Foucault: Estamos hablando de dos cosas: de la mirada y de la interiorización. Y, en el fondo, ¿no se trata del problema del precio del poder? El poder, de hecho, no se ejerce sin gastos. Existe evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. ¿Cuántos vigilantes hacen falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero está además el coste propiamente político. Si se es muy violento se corre el riesgo de suscitar insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se arriesga uno a dejar que se produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político elevado. Así funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia que detenía una proporción irrisoria de criminales, argumentaba diciendo: conviene que el castigo sea espectacular para que los demás tengan miedo. Poder violento por tanto que debía, mediante el ejemplo, asegurar las funciones de continuidad. A esto contestan los nuevos teóricos del siglo XVIII: es un poder demasiado costoso y con muy pocos resultados. Se hacen grandes gastos de violencia que en realidad no tienen valor de ejemplo, se ve uno incluso obligado a multiplicar las violencias, deforma tal, que se multiplican las rebeliones.

M. P.: Esto es lo que sucedió con las insurrecciones contra el patíbulo.

Foucault: Por el contrario, se cuenta con la mirada que va a exigir pocos gastos. No hay necesidad de armas, de violencias físicas, de coacciones materiales. Basta una mirada. Una mirada que vigile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo; cada uno ejercerá esta vigilancia sobre y contra sí mismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último término, ridículo! Cuando Bentham considera que él lo ha conseguido, cree que es el huevo de Colón en el orden de la política, una fórmula exactamente inversa a la del poder monárquico. De hecho, en las técnicas de poder desarrolladas en la época moderna, la mirada ha tenido una importancia enorme, pero como ya he dicho, está lejos de ser la única ni siquiera la principal instrumentación puesta en práctica.

M. P.: Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el problema del poder en función sobretodo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte es el todo, y que si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse al todo social? ¿O bien es que el conjunto social, el poder a nivel de todo social es algo que entonces no se concebía realmente? ¿Por qué?

Foucault: El problema consiste en evitar los obstáculos, las interrupciones; al igual que ocurría en el Antiguo Régimen, con las barreras que presentaban a las decisiones de poder los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías, desde el clero, hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del mismo modo que las barreras que, en el Antiguo Régimen presentaban los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías a la decisión es de poder. La burguesía comprende perfectamente que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el cuerpo social de los efectos de poder llegando hasta sus más ínfimos resquicios. Y en esto precisamente la burguesía ha hecho no sólo una revolución política sino que también ha sabido implantar una hegemonía social que desde entonces conserva. Esta es la razón por la que todas estas invenciones han sido tan importantes y han hecho de Bentham uno de los inventores más ejemplares de la tecnología de poder.

J.-P. B.: No obstante, no se sabe a quién beneficia el espacio organizado tal como Bentham preconiza, si a los que habitan la torre central o a los que vienen a visitarla. Se tiene la sensación de estar ante un mundo infernal del que no escapa nadie, ni los que son observados ni los que observan.

Foucault: Esto es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas las aplicaciones a que ha dado lugar. No existe en ella un poder que radicaría totalmente en alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es lo característico de las sociedades que se instauran en el siglo XIX. El poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo que lo ejercería o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son preponderantes y permiten la producción de efectos de supremacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una dominación de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual.

M. P.: El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto contradictorio. Está el inspector principal que desde la torre central vigila a los prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere a ellos de un modo un tanto despectivo pese a que, en principio, están destinados a serle próximos. ¡Pensamiento, pues, aristocrático!

Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al personal subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las fábricas.

Foucault: Es un problema considerable que se plantea en el siglo XVIII. Se puede constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar “suboficiales” que tuviesen conocimientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimientos, los desplazamientos, las filas, las marchas exigían este personal disciplinario. Más tarde los talleres vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con sus maestros, sus ayudantes, sus vigilantes. La iglesia era entonces uno de los raros cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El religioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vicario entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de millares de niños. El Estado no se dotó con pequeños cuadros similares hasta mucho más tarde. Igual sucedió con los hospitales. No hace aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba estando constituido en su mayoría por religiosas.

M. P.: Estas mismas religiosas han desempeñado un papel considerable en la aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo XIX en los que vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas formadas especialmente para ejercer la disciplina de las fábricas. El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupaciones ya que se puede constatar la existencia de esta vigilancia del inspector principal sobre el personal subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión ininterrumpida de miradas que hace pensar en “cada camarada se convierte en un vigilante”, hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco vertiginosa, de estar en presencia de una invención que en alguna medida se va de las manos de su creador. Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder central. Pero, leyéndolo uno se pregunta, ¿a quién mete Bentham

Foucault: Esto es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas las aplicaciones a que ha dado lugar. No existe en ella un poder que radicaría totalmente en alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es lo característico de las sociedades que se instauran en el siglo XIX. El poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo que lo ejercería o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son preponderantes y permiten la producción de efectos de supremacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una dominación de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual.

M. P.: El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto contradictorio. Está el inspector principal que desde la torre central vigila a los prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere a ellos de un modo un tanto despectivo pese a que, en principio, están destinados a serle próximos. ¡Pensamiento, pues, aristocrático!

Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al personal subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las fábricas.

Foucault: Es un problema considerable que se plantea en el siglo XVIII. Se puede constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar “suboficiales” que tuviesen conocimientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimientos, los desplazamientos, las filas, las marchas exigían este personal disciplinario. Más tarde los talleres vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con sus maestros, sus ayudantes, sus vigilantes. La iglesia era entonces uno de los raros cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El religioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vicario entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de millares de niños. El Estado no se dotó con pequeños cuadros similares hasta mucho más tarde. Igual sucedió con los hospitales. No hace aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba estando constituido en su mayoría por religiosas.

M. P.: Estas mismas religiosas han desempeñado un papel considerable en la aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo XIX en los que vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas formadas especialmente para ejercer la disciplina de las fábricas. El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupaciones ya que se puede constatar la existencia de esta vigilancia del inspector principal sobre el personal subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión ininterrumpida de miradas que hace pensar en “cada camarada se convierte en un vigilante”, hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco vertiginosa, de estar en presencia de una invención que en alguna medida se va de las manos de su creador.

Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder central. Pero, leyéndolo uno se pregunta, ¿a quién mete Bentham en la torre? ¿Al ojo de Dios? Sin embargo Dios está poco presente en su texto; la religión no desempeña sino un papel de utilidad. Entonces, ¿a quién? En definitiva es preciso decir que el mismo Bentham no ve muy claro a quien confiar el poder.

Foucault: Bentham no puede confiar en nadie en la medida en que nadie debe ser lo que era el rey en el antiguo sistema, es decir, la fuente del poder y de la justicia. La teoría de la monarquía lo suponía. Era preciso confiar en el rey. Por su propia existencia, querida por Dios, él era la fuente de la justicia, de la ley, del poder. El poder que radicaba en su persona no podía sino ser bueno; un mal rey equivalía a un accidente de la historia o a un castigo del soberano absolutamente perfecto, Dios. Por el contrario, no se puede confiar en nadie cuando el poder está organizado como una máquina que funciona según engranajes complejos, en la que lo que es determinante es el puesto de cada uno, no su naturaleza. Si la máquina fuese tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él solo la responsabilidad de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y estaríamos de nuevo en un poder de tipo monárquico. En el Panóptico, cada uno, según su puesto, está vigilado por todos lo demás, o al menos por alguno de ellos; se está en presencia de un aparato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. La perfección de la vigilancia es una suma de insidias.

J.-P. B.: Una maquinaria diabólica, como has dicho, que no perdona a nadie. La imagen quizá del poder de hoy. Pero, ¿cómo crees que se ha llegado hasta aquí? ¿Por voluntad de quién y con qué objeto?

Foucault: La cuestión del poder se simplifica cuando se plantea únicamente en términos de legislación o de Constitución; o en términos de Estado o de aparato de Estado. El poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un conjunto de leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el desarrollo de las fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo tecnológico, si no se conocen al mismo tiempo los aparatos de poder. En el caso, por ejemplo, de la división de trabajo en los grandes talleres del siglo XVIII,¿cómo se habría llegado a este reparto de tareas si no hubiese existido una nueva distribución del poder al propio nivel del remodelamiento de las fuerzas productivas? Lo mismo sucede con el ejército moderno: no basta con que exista otro tipo de armamento, ni otra forma de reclutamiento, fue necesario que se produjera a la vez esta nueva distribución de poder que se llama disciplina, con sus jerarquías, sus cuadros, sus inspecciones, sus ejercicios, sus condicionamientos y domesticaciones. Sin esto, el ejército tal como ha funcionado desde el siglo XVIII no hubiera sido posible.

J.-P. B.: De todos modos, ¿existe alguien o algunos que impulsan el todo?

Foucault: Se impone una distinción. Está claro que en un dispositivo como el ejército, el taller o cualquier tipo de institución, la red del poder adopta una forma piramidal. Existe pues una cúspide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, esta “cúspide” no es la “fuente” o el “principio” de donde se derivaría todo el poder como de un centro luminoso (esta es la imagen según la cual se representa a la monarquía). La cúspide y los elementos inferiores de la jerarquía están en una relación de sostén y de condicionamiento recíprocos; se “sostienen” (el poder como “chantaje” mutuo e indefinido). Pero si lo que me preguntas es si esta nueva tecnología de poder tiene históricamente su origen en un individuo o en un grupo de individuos determinados, que habrían decidido aplicarla para servir sus propios intereses y utilizar así, en su beneficio, el cuerpo social, te responderé: no. Estas tácticas han sido inventadas, organizadas, a partir de condiciones locales y de urgencias concretas. Se han perfilado palmo a palmo antes de que una estrategia de clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay que señalar además que estos conjuntos no consisten en una homoge-neización sino más bien en un juego complejo de apoyos que adoptan los diferentes mecanismos de poder unos sobre otros permaneciendo sin embargo en su especificidad. Así, actualmente, la interrelación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis, escuela, justicia, familia, en lo que se refiere a los niños, no homogeneiza estas distintas instancias sino que establece entre ellas conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo que supone que cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son propias.


(1) Michel Foucault describe así El Panóptico y a Jeremías Bentham en su obra Vigilar y castigar. Siglo XXI, México, 1976.

Vía: lapala.cl

martes, 6 de septiembre de 2011

Enrique Dussel: Cuarta sesión de la Cátedra Extraordinaria sobre Walter Benjamín.

Enrique Dussel acerca de las influencias filosóficas presentes en Walter Benjamin.



Filosofía y arte, alianza contra la destrucción global



Judith Amador Tello


Una más de las embestidas culturales del pintor Francisco Toledo es el simposio filosófico realizado en el Centro de Artes de San Agustín (CaSa), en el poblado de Etla, en las inmediaciones de Oaxaca, durante seis días y al que concurrieron 17 especialistas en torno a los temas Mundo, Arte y Muerte, basado en un ensayo del pensador Martin Heidegger que es una toma de posición crítica respecto al control y masificación técnico-funcional que hace peligrar al mundo, y cuya única solución es recurrir al arte y a la filosofía, como lo explican los doctores alemanes Dietmar Koch y Markus Raab.

SAN AGUSTÍN ETLA, OAXACA (Proceso).- Como un remanso en medio del caos que vive el país, el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa) de esta tranquila localidad fue durante seis días espacio para la reflexión filosófica sobre el arte y el ser, a partir del pensamiento del filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976), cuya crítica al mundo tecnificado y global no sólo es vigente sino una vía para la salvación de la especie humana.

El origen de este proyecto, en el cual participaron 17 especialistas de Alemania, Austria, Colombia, Chile, Croacia, Italia y México, tuvo su origen hace tres años cuando el pintor Francisco Toledo, presidente honorario del Consejo de Planeación del CaSa, ofreció la sede al filósofo alemán Markus Raab, quien invitó a su vez a su colega Dietmar Koch.

Así se inició la organización del Simposio Mundo, Arte y Muerte. Sobre la determinación de Martin Heidegger del lugar del arte moderno en el pensamiento del Ereignis (acontecimiento), apoyado por Auswärtiges Amt, Forum Scientiarum, Philosophisches Seminar de la Universidad de Tubinga, Galería Arvil, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Universidad Nacional Autónoma de México, entre otras instituciones, y desde luego CaSa, fundada por Toledo.

Con la traducción de la filósofa y estudiante de postgrado por la UNAM y la Universidad de Friburgo, Federica González-Luna Ortiz, ambos filósofos, Raab y Koch, hablan a Proceso del encuentro realizado del 29 de agosto al 3 de septiembre. Recuerda Koch:

“Mi reflexión acerca de esta invitación de Francisco Toledo es que había que poner el arte plástico en relación con la filosofía. La manera de establecer esa relación era encontrar al filósofo adecuado.”

Decidieron que sería Heidegger y partirían de su texto El origen de la obra de arte (1936), en el cual se funda la relación entre el pensador alemán y el arte. Explica el doctor Koch que se trata de una discusión en torno al concepto de técnica y de otro difícil de traducir que es Ge-stell, que significa maniobrar.

Y menciona el manifiesto del simposio, donde se explica que el texto de Heidegger es una toma de posición crítica respecto a la concepción técnico-funcional. Él intenta recobrar a las cosas “su digna inutilidad, en su particularidad no sometible al cálculo y en su poder de apertura al mundo, a través de una elaboración filosófica. Tal proyecto va en contra de la total utilización, masificación y planeación técnico-funcionales, y contra un control absoluto, orientado a la aceleración de la totalidad de aquello con lo que el hombre tiene que ver”.

Para Koch la pregunta es cómo pueden la filosofía y el arte opinar en este contexto y en este tipo de acontecer global técnico. Aclara que no hay que tomar a la técnica en el sentido antropológico “como un medio o como un instrumento del hombre, sino más bien en el contexto de la modernidad en Europa, donde surge un pensar que no se resume en la filosofía de la subjetividad. ¿Qué significa la filosofía de la subjetividad? Que hay una especie de antropocentrismo en donde el hombre es el centro de todas las cosas y todo lo remite a sí mismo en todos los ámbitos de la vida”.

Además de la filosofía como punto de reflexión, el encuentro académico toma en cuenta al arte plástico de Toledo y de otros artistas que tienen relación con la expresión del pintor juchiteco, como Paul Klee.

Según el documento de presentación del simposio, Heidegger vio en la obra pictórica de Klee una cercanía y una conexión con lo que él denomina, desde una perspectiva histórica, el “otro principio” del temprano pensamiento griego, y a su historia de retraimiento que desemboca en un pensamiento desenfrenado de producción y consumo de un pensar puramente técnico-mecánico.

“El puente que se hace entre Toledo, Heidegger y Klee –dice Koch– es que Klee es un punto de referencia tanto para Heidegger como para Toledo. Heidegger con respecto al concepto de imagen, al concepto de arte, y Toledo porque en su búsqueda o autobúsqueda artística de juventud siempre se remitió a los escritos y al arte de Klee.”

Se le pregunta si Toledo es lector del filósofo autor de Ser y tiempo y si expresa sus ideas en su creación artística. Él cree más bien, aunque confiesa no estar seguro, que el pintor no conocía muy bien al filósofo pero cuando supo que sería el tema del simposio se puso a investigar más. Es posible también, agrega, que la amistad de Toledo con el también filósofo y escritor Leonardo Da Jandra, quien sí es lector de Heidegger, lo hubiera llevado a establecer una relación con la filosofía heideggeriana.

–¿Entonces son ustedes como investigadores quienes buscan la relación de Toledo con Heidegger?

–El contenido versa más bien sobre Heidegger, pero Toledo está como merodeando alrededor del tema del arte en Heidegger. Es como un homenaje a Toledo.

Un arte auténtico

A su vez, el doctor Markus Raab, quien además de filósofo es alcalde de la ciudad de Esslingen am Neckar en Alemania, indica que se partió del texto El origen de la obra de arte, pues es bastante notorio que Heidegger fue conmovido profundamente por Paul Klee. Y menciona que la relación del pensamiento filosófico con el arte fue expuesto por el profesor Damir Barbaric, de la Universidad de Zagreb, en su ponencia “¿Habitando la muerte? Afinidad electiva Heidegger-Klee”.

“Para Heidegger, por supuesto, Klee no es el único que constituye un gran artista, también tuvo otras amistades como Eduardo Chillida y Paul Cézanne. A partir de lo que Heidegger dice sobre el arte, es posible hablar sobre el artista contemporáneo y definir cuál es el artista auténtico. En esta definición, el artista que propiamente cumple con la esencia de un artista auténtico se encuentra tanto en Toledo como en Klee.

“Y para tocar dos puntos concretos acerca del arte y del artista auténtico, en el caso de Toledo, en el pensamiento de Heidegger sobre la obra de arte se señala que el gran artista tiene la gran exigencia de unir el arte (en el sentido habitual de bellas artes) con la artesanía.”

Explica entonces el estudioso que, de hecho, la palabra griega techne, utilizada para designar el arte, indica ambas actividades, tanto la manual como la artística en el sentido habitual.

“De esta tesis podemos desprender que Toledo es sin duda un artista en el sentido manual (artesanal) como en el artístico, pues se pueden notar en su vasta obra los diferentes usos de material, la experimentación…”

A decir de Raab hay un aspecto mucho más importante que no es necesariamente el artista, pues para Heidegger el artista no es un sujeto genial, un creador que tenga concebido un plan y se apegue a este plan para realizar su obra. Más bien el artista sería aquel que se encuentra en una situación tal que le resulta posible unir el ser y el tiempo en un acontecimiento llamado arte:

“Cuando los críticos de arte o los teóricos del arte le preguntan a Toledo en qué consiste tal obra, la respuesta típica de él es: ‘No sé’. Y no considero que responda así por coquetería o timidez, sino que está constatando un fenómeno: en sus obras no se ve sólo un mundo de imágenes sino cosas que están ahí en metamorfosis, en constante movimiento y transformación. Una oración que resume la obra de Toledo es que se trata de un cosmos fantástico.

“En relación con Heidegger, el proyecto artístico de Toledo es un contraproyecto de este mundo técnico y funcional que Heidegger precisamente critica y describe como un peligro para la humanidad.”

Raab cuenta que fue en Europa cuando ya hace veinte años conoció la obra de Toledo a través de catálogos. Visitó entonces México y envió un fax al pintor para que lo recibiera y pudiera ver de cerca la obra, entonces vino a Oaxaca. Y desde aquella época se ha dedicado a su estudio:

“Yo trabajé en Reutlingen, en el Museo Spendhaus. Se trata de un museo dedicado exclusivamente a los grabadores de madera tanto modernos como contemporáneos. Ahí hubo una exposición de los grabados en madera de Toledo titulada El triunfo de la muerte, la cual fue presentada también en Puebla y en el IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca). También hubo una muestra internacional de fotografía en el 2007, con una sección dedicada al arte mexicano donde participó Toledo con fotografías de él.”

–¿Resulta vigente Heidegger para estudiar artistas contemporáneos como Toledo, sigue siendo vigente?

–Voy a responder de otra manera, pues Heidegger no es alguien que se pueda considerar un crítico de arte o alguien que hace estética. Más bien la perspectiva de Heidegger en su estudio sobre el arte va en otra dirección. Él apunta de manera crítica a la tecnificación de nuestro tiempo, en el sentido de que constituye un peligro para el mundo. En relación con ello, Heidegger critica también el punto de vista según el cual nosotros como sujetos vemos al mundo como mero objeto, lo que significaría que las cosas están siempre a nuestra disposición, que las podemos usar y explotar en la medida en que todo está disponible para nosotros.

“Un aspecto del planteamiento de Heidegger que ahora resulta fundamental es que estamos hoy en un punto de tal peligro que, con los actuales medios militares y las crisis ecológicas, podemos llegar a una destrucción de nosotros mismos: esto sería el máximo peligro.”

Agrega que ahora, cuando pronto vamos a conocer nuestra estructura del genoma, podría significar que aquellas cosas que se creían bajo control dan un vuelco:

“Nosotros que creíamos ser los creadores sin límite vamos a convertirnos en objetos resultado de una producción. Dicho de manera radical: el hombre fue el señor de la técnica y en el futuro será el resultado de ésta: un producto de la técnica.”

Pone como ejemplo que el hombre fue creando a partir del conocimiento genético mejores cerdos, pero en un futuro esta creación se le revertirá y él mismo será una creación de otros. En esto consiste para él precisamente el peligro. Agrega:

“Ahora, a su pregunta: como ya dije, Heidegger plantea una concepción distinta respecto al arte. Para él, el artista no es creador de un producto, el arte no es la consumación de un intento por poseer y dominar el mundo. Al contrario, el arte abre otra perspectiva, otra relación con el mundo, no la que se encuentra en el marco del peligro sino una en la cual el mundo se muestra, y se muestra un trato distinto con él respetando su dignidad. Y de acuerdo con esta interpretación del mundo nuestra estancia en él se transforma. Por esta razón escribí mi ponencia como un diálogo político.”

Se le pregunta si sabe que en México desde hace tiempo se ha pretendido eliminar a la filosofía de la enseñanza media superior, porque la Secretaría de Educación Pública considera que no es de utilidad. Luego de que asiente, se le cuestiona:

–¿El simposio demuestra lo contrario?

–Buena pregunta, porque esta idea de que se puede eliminar el arte o la filosofía porque no es importante constituye exactamente el pensamiento del peligro. El caso de aquellos que quieren eliminar la filosofía corresponde justamente a lo que Heidegger critica y yo toco en mi ponencia (“Heidegger, Klee, Toledo-Tentativa de una conversación política”).

“La creencia de que pueden eliminar la filosofía se funda en la creencia de que todo está a su disposición. Y la creencia de la inutilidad del arte, de la música, de la poesía, si lo pensamos a fondo, dirige precisamente al peligro del cual habla Heidegger, pues el mundo no está ahí en la medida en que es útil para nosotros, el mundo tiene su propia dignidad y justificación y es desconocido, por ejemplo, por estos políticos.”

Raab pone énfasis en este punto, siendo él mismo un político asume que tales políticos “del peligro” son sus adversarios. Afirma también que lo mismo está sucediendo en Alemania, con la eliminación de la filosofía o del pensamiento humanista y advierte:

“Estamos en verdad en una época de peligro: es la primera vez en la historia de la humanidad que tenemos la capacidad de destruirnos y todo porque creímos que podíamos controlarlo todo. El artista, en cambio, escucha al ser –y no es cortesía–, pero creo que es el caso de Toledo. Contrario a lo que se piensa no sólo en México, sino en otros lugares del mundo, el pensamiento de Heidegger demuestra que la música, la poesía, la filosofía, son lo único que puede salvarnos de la destrucción”.

El lugar de la pintura

En el simposio participaron Hans-Dieter Bahr, emérito de la Universidad de Viena, con el tema “Muerte y belleza”; Kristin Funcke, de la Universidad de Tubinga, con “Paul Klee y el reino intermedio”; y Stefanie Killkofer, de la Universidad de Palermo, con “El ingreso en el Ereignis. Los signos para ello-Klee”. Además Roberto Rubio, de la Universidad Alberto Hurtado, de Santiago de Chile, con “Arte y plasticidad en Heidegger”, y quien se encargó también de organizar e invitar a los filósofos en la parte latinoamericana; Rebeca Maldonado, de la UNAM, con “Physis y arte: la contienda mundo y tierra/mortales y divinos desde el arte mexicano contemporáneo”; y Leonardo Da Jandra, de Oaxaca, con “La indefensión del filósofo Heidegger ante la vida”, entre otros especialistas.

En una de las salas ubicadas en la planta alta del CaSa, el pintor suizo Christian Veeter realizó durante el encuentro académico una instalación con pintura, en la cual expresó su visión sobre la filosofía de Heidegger. Según el curador Andreas Baur, Veeter pinta en el contexto de la pregunta: ¿Cómo se puede pintar en este tiempo? Y si se puede pintar, sobre qué se pinta y dónde es el lugar de la pintura.

“En este sentido hay otro puente hacia Heidegger puesto que busca su lugar en la construcción del significado. Nosotros aportamos esta obra en el sentido de que no es algo conceptual relacionado con la palabra o el lenguaje, como lo hace la filosofía, sino que ofrecemos algo que significa vivencia o participación… Es un diálogo con el público y es de lo que se trata en un simposio.”

Se anunció ya que el próximo simposio en 2013 será sobre Friedrich Nietzsche.

Vía: proceso.com.mx

lunes, 5 de septiembre de 2011

Kant, un feminista a destiempo




El feminismo ha existido siempre a lo largo de la historia de la humanidad, y ha tenido distintas expresiones, radicales, de tipo religioso, político, social, etc. Se puede creer que el feminismo es concebido como ideología sólo por las mujeres, y que estas mismas han creado todo el andamiaje con el que hoy se ve construida muchas de nuestras sociedades. Un hombre que vivió entre los siglos 18 y 19 y, en cuya obra filosófica se describe la ideología feminista, además rompe con la idea de que son las mujeres pensadoras las que están del ideario feminista, es Immanuel Kant en su “Antropología desde un punto de vista pragmático”.

De la obra de Kant trasciende un determinismo social que se traduce en la predestinación del hombre por su razón a vivir en sociedad. Para Kant no hay otra salida para el hombre, la razón es el vehiculo que conduce este mismo hombre a la convivencia social y del cual no se puede escapar si así lo intentase. Ahí en la sociedad junto con otros individuos se encerrará al hombre en la sociedad, y en ésta por medio de las ciencias y las artes que se cumplirá se realizará la predestinación del hombre: moralizarse y civilizarse.

¿Pero que tiene que ver la feminidad con la civilización? El hombre irá acomodándose a los incentivos de la comodidad de la buena vida, que es como Kant definirá la felicidad, y estos conceptos comodidad y buena vida deben entenderse según Kant como femeninos. Lo que hace la civilización, tal como Kant lo describe, tomar al hombre de un estado de rudeza o natural, que Kant lo identifica claramente con la masculinidad, para civilizarlo. Esto último, según el mismo Kant, civilización quiere decir moralización y feminización del hombre.

La cultura es un elemento de feminización pero para Kant la cultura en si misma no es femenina ni masculina. La función que realiza la cultura es el de inducir lo femenino, desarrollarlo y hacerlo percibir. Esto está condicionado para Kant por la presencia de una situación favorable que no puede ser otra cosa más que la misma civilización.

La lucha entre el hombre y la mujer tiene un lugar concreto en la visión kantiana, el matrimonio. Por una parte Kant afirma que el hombre y la mujer están bajos los designios de las leyes naturales que constituyen la unión sexual de estos de un carácter perdurable de lo que llama unión domestica, que a su vez tiene como fin la procreación de la especie humana. Kant no deja libre de conflicto esta unión domestica, ya que él afirma que una de las partes tienen que estar sometidas a la otra como garantía para el orden. Es aquí lo interesante de en Kant es que el consenso no lleva a la armonía del matrimonio en vez es causa de discordia.

Talmente parece que en sus apreciaciones Kant hace un paralelo entre lucha barbarie- civilización, y femenino – masculino. En una sociedad civilizada ganaría mucho más la mujer ya que ella tendría, según como nos dice Kant, la capacidad de emplear los dones que la naturaleza le ha dado que son los de dominar los instintos del varón. En un estado salvaje la situación de la mujer se debilitaría ya que es una circunstancia que exige de la fuerza física y esto hace que la balanza se incline hacia la parte del varón. El estado salvaje convierte a la mujer en un animal doméstico que sigue al varón.

Lo que no queda bien claro en el discurso kantiano es por qué las cosas son como son. ¿Por qué se define algo como femenino y otra cosa como masculina? Y la pregunta más importante que debemos hacernos, en el caso de llegar a definir lo que es femenino y masculino, ¿cuál es la razón, si la hay, de que lo femenino tenga que ser la contraparte de lo masculino?

No parece mucho que lo femenino o lo masculino se pueda definir con exactitud por que tienen que ver con mucho de las normas, costumbres y la cultura en que el hombre y la mujer se desarrollan. Lo que si se puede determinar con exactitud es que si una persona es un hombre o una mujer, y en esto si que el determinismo biológico es incuestionable. A tal punto es así que lo que determina la biología se puede cambiar en forma, como los que se hacen operaciones de cambio de sexo, pero no en esencia, porque estos que se han cambiado de sexo son un varón o una hembra que se han cambiado de sexo a través de una operación.

Cuando nos planteamos lo femenino y lo masculino vemos que no todo está delimitado sino que es condicionado a otros factores. Hay quehaceres hogareños que hasta hace unos años atrás eran reservados solamente para las mujeres y por consiguiente se les tenía en cuenta como femeninos. Con el pasar de estos últimos años los movimientos femeninos y las tecnologías han cambiado la visión que se tenía de “los quehaceres de la casa” y ahora lo mismo el hombre que la mujer se dobla ante el fregadero o la máquina lavaplatos. No se debe decir que es la misma situación en todos los lugares, sino que en muchos lugares no se considera este trabajo como algo exclusivamente femenino. Otro ejemplo aun más ilustrativo es el de una prenda de vestir, el pantalón, el mismo hace unos anos atrás se concebía exclusivamente como exclusivamente masculino hasta que poco a poco se fue introduciendo su uso entre las mujeres, no sin que le tocará a muchas de las mujeres ser cuestionadas por este uso.

Podemos con exactitud definir algunos aspectos de lo femenino y lo masculino como por ejemplo, que el órgano sexual de la mujer es algo femenino así como el órgano sexual hombre es algo masculino, la maternidad se referirá siempre a algo femenino así como la paternidad a algo masculino. Estos aspectos de la mujer y el hombre nunca se podrán intercambiar, es decir que hablemos de la maternidad en el hombre o de la paternidad en la mujer, sería como hablar del cuadrado redondo.

Kant no se lanza a describir que es lo determinado o lo relativo referente a la feminidad y la masculinidad. Pero queda claro que el sentido que tiene la razón es crear una sociedad que en cierto sentido domesticara al genero humano y lo feminizará. En principio parece Kant no querer decir que todos los hombres a través de la civilización se convertirán en mujeres y sean castrados de su masculinidad, sino que asumirán actitudes que se les asumen a las mujeres por lo general.

Si hablamos de un proyecto feminista desde una perspectiva racionalista vemos que las semillas de este ya estaba echada por hombres de la talla de Immanuel Kant. Él precedería a las matriarcas del feminismo como la existenc ialista Simone de Beauvoir, la historiadora Gerda Lernen, la filosofa Alison Jaggar entre otras pensadora. No se puede decir que Kant sea el primero que en su tiempo haya racionalizado el feminismo, si se escarba un poco se encontrará a muchos otros hombres involucrados en los albores del feminismo, impulsados estos por la ilustración y la revolución francesa, tiempo que le tocó precisamente a Kant vivir. Por eso se puede muy bien pensar que el feminismo es uno de los fenómenos nacidos de la ilustración y el racionalismo.

Vía: equsalbus.blogspot.com

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