Alain Badiou y el 15-M: “una modificación brutal de la relación entre lo posible y lo imposible”.
En su sesión del 25 de mayo de 2011 de su seminario “¿Qué significa cambiar el mundo?”, el filósofo francés Alain Badiou hace alusiones directas al movimiento 15-M y aporta algunos conceptos y juegos de distinciones altamente precisos, pertinentes y orientadores para pensar lo que (nos) está pasando.
Heidegger, el enemigo filosófico número 1.
Una reflexión crítica sobre el pensamiento de Martín Heidegger y su compromiso político.
Michel Onfray Filósofo aquí y ahora [Documental subtitulado]
Documental del canal Arte, realizado en 2008 sobre la vida del filósofo.
La actualidad de Karl Marx [Podcast]
Jean-Philippe Jáze. Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades, UAEM, nos habla de la importancia del pensamiento de Karl Marx.
Esbozo histórico de la filosofía mexicana del siglo XX.
Un recorrido por los más importantes pensadores de la filosofía mexicana.
Sartre: "La edad de las pasiones". [Película con subtítulos en español]
Película en dos partes hecha para la televisión francesa en donde se aborda la vida de Sartre y su inseparable compañera Simone de Beauvoir en medio de la rebelión en Argelia, la oposición en contra de De Gaulle y su vida amorosa, pasando por su visita a Cuba y Rusia y sus manifestaciones políticas..
Foucault por sí mismo [Documental con subtítulos en español]
Documental que ofrece un panorama de algunos de los temas principales sobre los que reflexionó Michel Foucault a lo largo de su vida. Este panorama se construye a partir de las propias palabras del autor, puesto que el documental en su totalidad está conformado por la ilación de fragmentos de declaraciones de Foucault, de algunos de los cursos que dictó y de citas de sus textos.
Zizek! El documental [Subtitulado en español]
Documental Zizek! realizado por Astra Taylor y protagonizado por el escritor y académico conocido en todo el mundo como “el Elvis de la teoría cultural”, el esloveno Slavoj Zizek, donde se explora su trabajo y excéntrica personalidad.
domingo, 14 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
“La violencia es fruto de la pobreza” [Entrevista a Enrique Dussel]
El reconocido filósofo advierte sobre la responsabilidad que tiene el pueblo como sujeto de la transformación de la historia, lanza una dura crítica al neoliberalismo y comenta el discurso “por la paz” de Javier Sicilia.
Alicia Hopkins
Autor de libros como Filosofía de la liberación y 20 tesis de política, Enrique Dussel (Mendoza, Argentina, 1934) llegó a nuestro país en 1975 como exiliado político y actualmente es ciudadano mexicano. Profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Autónoma Metropolitana, es uno de los fundadores del movimiento Filosofía de la Liberación. Crítico de la modernidad, su trabajo se centra sobre todo en los campos de la ética y la filosofía política. En esta conversación, reflexiona, entre otros temas, sobre la violencia que actualmente se vive en México, sobre la legalización de las drogas y el movimiento social encabezado por el poeta Javier Sicilia.
¿Cómo percibe, desde la filosofía, la violencia que se vive en nuestro país?
La filosofía latinoamericana que yo practico —la Filosofía de Liberación— parte de los oprimidos y de los excluidos. Acontece que la situación mexicana se va agravando cada vez más, como cumpliendo aquel adagio que dice: “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!” La parte de América Latina que está lejos de Estados Unidos, va saliendo y bastante bien, y en el caso de Brasil, mucho más. Va respondiendo a exigencias populares, defendiendo principios nacionalistas, no entregándose a los imperativos de Estados Unidos. México, en cambio, más y más, y desde el Tratado de Libre Comercio, ya de una manera violenta, se ha entregado a una competencia imposible con Estados Unidos. La política bancaria de los préstamos y su salvajismo, el Fobaproa y lo que siguió —que es lo que ahora está sufriendo, muchos años después, Grecia, y ya sabemos lo que le va a pasar— ha sumido a México en una pobreza enorme, fruto de una representación política inescrupulosa y corrupta. Eso hace que el país se encuentre en una crisis económica, de pobreza política, de corrupción cultural, de negación de sus propios principios, de educación pública en manos de sindicatos charros. Realmente no se ve ninguna posibilidad próxima futura de salir de esto, sino al contrario, se va a ir agravando.
¿Se puede hablar de una violencia justa o de una violencia que no ataque los principios de la ética, qué puentes tiende la filosofía de la liberación dusseliana entre la violencia y la justicia?
Habría que empezar por distinguir varias cosas. La palabra violencia viene de violar o de vir, que significa fuerte. Violencia, en su sentido éticamente negativo, significa violar el derecho del otro. Hidalgo, al convocar un ejército de liberación en México contra el ejército español, ¿cometió un acto de violencia contra el derecho del otro? No, porque España no tenía derecho de hacernos colonia. Lo que él hizo organizando un ejército, fue un acto de coacción legítima defendiendo al inocente, que la ética valúa como acto heroico. Washington también tuvo que luchar contra los ingleses, en las batallas tuvo que matar a algunos, pero nadie llama a Washington asesino, sino héroe de la patria.
Hoy, en cambio, la cuestión es completamente distinta. Cuando hablamos de violencia, es la violencia que se ha establecido entre los grupos de sicarios. Ellos ejercen una violencia completamente injusta, corrompida por el business de la droga articulado perfectamente con el capitalismo norteamericano, donde el lavado de dinero en los grandes bancos es parte normal de la acumulación de riqueza. Pero junto a ésta, hay otra violencia que ya no está ligada a la droga, sino que es provocada por una teoría económica estudiada en Estados Unidos, que produce la destrucción del campo, la inexistencia de la industria, el desempleo y, entonces, la juventud, para poder vivir, debe dedicarse al crimen.
Acaban de cumplirse 40 años desde que Nixon inició el enfoque combativo a las drogas y no parece augurarse ninguna victoria. ¿Qué posición toma usted en el debate sobre la legalización de las drogas?
Yo recuerdo muy bien que cuando se lanzó la lucha que prohibió la droga, se entendió que era un sustituto de la lucha neocolonial de Estados Unidos en América Latina y la presencia del ejército norteamericano con sus bases. Se descubrió el negocio gigantesco que era y entonces se incrementó y sirvió para un doble fin: la presencia militar y el negocio de la venta de armas. Si las drogas, algunas o todas, se legalizan, pierden precio y entonces ya no es tan negocio. Si se usara el dinero en mostrar el daño cerebral que hace y en educación en masa para la juventud, entonces se harían las cosas con otros fines. Vamos a terminar en eso, como con el alcohol. Es cuestión de tiempo. Pero tiene que ser una medida adoptada por todos los países, que no pase como en Holanda que legalizó, pero hizo un oasis donde los drogadictos se reúnen. Esa tampoco es la solución, tiene que ser más general, más generacional.
Hay un debate sobre la naturaleza humana que gira en torno a la violencia, una de las partes sostiene que la violencia humana es producto de nuestra propia naturaleza animal, la otra afirma que la violencia humana es producto de la historia. ¿Cómo responde a este debate la filosofía de la liberación?
Dijo Hobbes “Homo homini lupus” —en realidad, esta frase es de Plinio—. Para el hombre, el lobo es un animal peligroso; entonces, si un hombre o un ser humano toma la función del lobo en la especie humana, destruye a los otros hombres. En realidad, el lobo no es lobo para el lobo, es el animal más cariñoso, más afectivo y más defensivo de su especie. Si el hombre fuera como el lobo para el lobo, sería un animal completamente solidario. Lo que pasa es que un cierto darwinismo social nos está haciendo creer que el ser humano es egoísta, competitivo, como en el mercado. Si la especie humana fuera así, habría desaparecido hace cientos de miles de años. Hay gente que es autista, egoísta, pero no puede ser la mayoría. Nos olvidamos de los millones de actos cotidianos de la gente solidaria que es la que hace funcionar el mundo. La que cada mañana se levanta para ir a trabajar y sonreír a la gente y decir “buenos días”, la madre que alimenta al hijo y el profesor que da su clase por amor a sus discípulos y todos los demás. No estoy de acuerdo en esa antropología implícita del capitalismo liberal que nos hace creer que somos seres individuales, competitivos. No puede ser, el ser humano no es lobo para el ser humano y, si lo fuera, habría desaparecido como especie hace muchos millares de años.
¿Cómo pensar la liberación en un país aterrado por la violencia de la guerra contra el narcotráfico, ¿dónde quedan la lucha de clases y el pensamiento revolucionario?
Esta violencia es fruto de la pobreza, de élites que se han enriquecido desproporcionadamente, empobreciendo a las mayorías. Lo que quieren justamente es que la población asustada abandone lo público y se atrinchere en lo privado. Esto se logra por el miedo y toda dictadura crea miedo. Entonces, la gente, al tener miedo querría la paz, pero la paz se va a lograr sólo después de perder el miedo, lo que hay que hacer es salir a la calle; como han salido los jóvenes en Egipto, en Túnez, en Atenas, en Madrid y otros muchos que van a seguir saliendo; entre nosotros, Javier Sicilia ha salido a la calle.
Hay un tema político de fondo: la representación democrática liberal se ha corrompido porque el pueblo no puede juzgarla, fiscalizarla. La única manera para que el pueblo pueda juzgarla es asumiendo su responsabilidad pública e institucional. El único país que ha institucionalizado constitucionalmente la participación es Venezuela. El asunto es institucionalizar la participación, éste es el gran reto mundial, y en México ni hablar. Este es es el tema de fondo del siglo XXI. El pueblo va a tener que ir tomando responsabilidades.
¿Qué opinión le merece el discurso en torno al perdón de Javier Sicilia y el diálogo que mantiene con el gobierno?
Empecemos por el perdón. El perdón exige algunas condiciones objetivas para su cumplimiento. Como hacen los indígenas: “tú mataste a una persona, bueno, la condición del perdón va a ser que trabajes la tierra del muerto y alimentes a su familia”. Entonces, el asesino empieza a recobrar una dignidad en el pueblo porque, al menos ahora, tiene un mérito, está alimentado a una familia, se está reeducando. Pero no se le da tan fácil el perdón, después de años que cumpla otras condiciones, un día, con una fiesta quizá religiosa, se le reincorporará plenamente a la comunidad.
El perdón tiene condición. ¿Cómo voy a perdonar si no se ha cumplido ninguna condición? La condición sería que toda esta situación cambie. Pero el cambio significa un proyecto económico distinto. El mismo grupo moral, bello, que se genera entre las víctimas tendría que tener un proyecto económico, y no lo tiene. Este movimientos está comenzando, éticamente, a despertar una conciencia. Yo digo “muy bien”, pero falta mucho.
¿Cómo entiende la Filosofía de la Liberación los conceptos de “autonomía” o “autogestión” reivindicados por las comunidades urbanas o campesinas, ya no sólo en Argentina sino en otros países latinoamericanos como Bolivia, Ecuador, Chile, México?
Los anarquistas dicen “hay que cambiar el ejercicio del poder, pero todo estado es burgués, entonces no hay que tener estado”. Yo digo con Samir Amin y muchos otros: el estado es la macro institución política y hay distintos tipos: hubo un estado esclavista egipcio, uno helenista, uno romano y hay el estado burgués. Pero podemos crear un estado en favor del pueblo, una nueva institución que responda a otros fines.
La posición que dice “necesitamos cambiar la subjetividad, luchar desde lo social y no esperar demasiado del estado ni de las instituciones, las cosas se cambian de otra manera” cree que las instituciones de la representación por naturaleza son burguesas y no se puede contar con ellas. Yo diría que tiene algo de muy positivo, pero hay un problema: un cierto espontaneísmo ingenuo. Porque ¿cómo voy a cambiar la sociedad, si no es a través de instituciones que la propia sociedad creó para poder vivir en consenso? No es que sea institucionalista, soy realista. La política exige la representación basada en la participación, pero la participación tiene que ser institucionalizada para que no se diluya en la ingenuidad.
¿Es posible alcanzar la liberación por medios apegados exclusivamente al derecho y a través de las instituciones, puede alguna vez la democracia liberal significar la liberación de los pueblos oprimidos en Latinoamérica?
Yo al neoliberalismo no le concedo ni el primer paso. Cuando dice “hay individuos libres”, digo: no hay individuos, hay comunidades y nunca son libres sino institucionalizadas, y no es un contrato lo que le da la socialidad sino siempre es a priori. Ahora, lo normal, sería el estado de derecho pero, en América Latina, nunca se ha dado. El estado de excepción es cuando ponemos al estado de derecho en problemas y el estado de rebelión es cuando la gente sale a las calles y deja al estado de excepción en el aire, es como con De la Rúa, en Buenos Aires. Propuso estado de excepción y todos salieron y lo destituyeron. Ese es un estado de rebelión en el que se pone de manifiesto que el pueblo es la fuente del poder. El grito “¡que se vayan todos!” no es una expresión empírica, sino un grito de alerta que recuerda a las instituciones que el pueblo es su fundamento. El estado de rebelión, sin organización ni institucionalización, cae en el espontaneísmo de nuevo. Tiene que surgir de la participación organizada y la representación reconstruirá y no recauchutará; no va a hacer un legalismo mejor, sino un sistema político que no sea nada igual y que tenga una representación auténtica, no la liberal, que es ficticia.
“No puede entenderse la historia de las liberaciones en Latinoamérica, sin la participación de la teología de la participación”, sostuvo Michael Löwy en la UNAM. ¿Cómo podría explicar Dussel esta relación entre teología y liberación que hunde sus raíces en la historia latinoamericana?
Bueno, decir que “no se pueden entender los grandes movimientos políticos actuales sin la teología de la liberación” me parece demasiado. La teología de la liberación es la expresión colectiva de una experiencia popular, parte del hecho de que gente muy simple a nivel pueblo, que nunca había tomado la palabra, se reúne y discute temas que fueron religiosos. Como cuando los cristianos se reunían en las catacumbas. Los soldados romanos iban al cementerio, pero no intervenían porque era lo sagrado de los muertos. Hablaban en un lenguaje apocalíptico, hablaban de la bestia, del 666, y entonces si alguien era una oreja del sistema decía “esta gente está hablando de cosas que no se comprenden, no tienen nada que ver con el imperio, así que dejémoslos”.
Míguez Bonino decía que “la comunidad de base es lugar para hacer pueblo”, porque hablando de temas religiosos decían: “el faraón son los militares y los esclavos somos nosotros”. Entonces la gente empezaba a descubrir la realidad y se alertaba políticamente con un lenguaje simbólico. Eso no lo hizo el partido comunista nunca, nunca tuvo comunidades de base en el campo, entre indígenas, entre campesinos analfabetos y entre marginales. El asunto fue hacer hablar a aquellos que nunca habían hablado. Esta teología parte de un gran respeto al pueblo, cree en el imaginario popular, en América Latina y surge en un diálogo con un cristianismo profético mesiánico y con un análisis duro de la economía a partir de Marx, sabe lo que es el plusvalor y el capital, y sabe que eso es pecado.
Permítame leer una cita de Gustav Landauer: “O viene pronto sobre nosotros el espíritu, que no se llama revolución sino regeneración, o tendremos que sumergirnos una vez más (…) en la revolución. Porque tal es el destino de ésta en nuestros siglos de transición: ser para los hombres como una inmersión en el espíritu. En el fuego, el arrebato y la fraternidad de estos movimientos agresivos, despierta siempre (…) la imagen y el sentimiento de la unión positiva mediante la cualidad mancomunandora, mediante el amor, que es fuerza; sin esta regeneración transitoria no podríamos continuar viviendo y habríamos de sucumbir”. ¿Qué le respondería a Landauer?
Que de eso es de lo que estamos continuamente hablando, lo mismo que regeneración o revolución se da aquí. La revolución es la explosión de la fuerza de un pueblo, como la erupción de un volcán. Es la erupción de la potencia del que descubre su propio derecho y está decidido a que el derecho de esa comunidad sea defendido; es magnánimo, nunca vengativo. Ese sí que sabe perdonar, porque apenas logra invertir la situación de que el dominado deja de estar dominado, se olvida de quién es el dominador. Los sandinistas no mataron a Somoza en Paraguay, en Paraguay Somoza ya no era Somoza; simplemente lo ignoraron, ya no tenía más significación. Yo diría que esta eclosión del tiempo-ahora que es el cambio histórico, eso es la revolución y, al mismo tiempo, es la regeneración, es justamente el acto de liberación. Liberación es el momento en que el esclavo deja de serlo. Estaba en la mina trabajando como un esclavo, no veía la luz del sol y un día alguien pagó un dinero, que era el rescate en redención y dice “señor usted es libre”. Imagina la alegría que tuvo que haber producido en un esclavo, salir de la boca de la mina y decir “ahora soy libre”. Es una regeneración completa, es un nuevo mundo. Este acto es la revolución y al mismo tiempo es la regeneración, entonces es el espíritu, porque en la resurrección le da nueva vida a un pueblo.
Vía: Milenio.commiércoles, 10 de agosto de 2011
Lou Marinoff y el asesoramiento filosófico
José Guillermo Mártir Hidalgo
Jorge Alcalde, en su artículo ¿Para qué sirve hoy la filosofía? (Muy Interesante. Año XV No. 2. Págs. 54-60) sostiene, que el boom economicista y la creencia que la ciencia positiva puede dar respuesta a las preguntas del Hombre, han labrado cierto desencanto por el saber positivo. Plantea, que el pensador ha perdido el protagonismo intelectual del que antaño se pavoneaba. Pero, afirma, el hombre y mujer de la calle demandan una orientación, que alguien le enseñe a argumentar y a comprender el mundo que le rodea.
La filosofía sirve para pensar mejor, ya que dota de los rudimentos necesarios para la argumentación y permite afrontar la vida con necesaria distancia. Javier Sádaba, citado por Alcalde, opina que la filosofía sirve para enterarse de lo que ocurre y comprenderlo, para estar en contacto con el devenir de la ciencia y para vivir mejor. El papel de la filosofía a lo largo de la historia ha sido desarrollar el espíritu crítico del ciudadano, fomentar su capacidad para sopesar la realidad y liberarlo de cualquier esclavitud. Por tanto, la filosofía no debe estar distanciada de la realidad y el filósofo debe implicarse en el pulso de los acontecimientos.
La filosofía deshace la ambigüedad de los problemas, ayuda a tomar decisiones, analiza y aclara las ideas complejas de la ética, la política, la ciencia, etc. El filósofo especializado en ética, principalmente en bioética, es el llamado a dar explicaciones. Ya que sin una concepción ética de la ciencia, los descubrimientos no podrían jamás ponerse al servicio de la humanidad. Igualmente la filosofía política, que tiene la misión de articular las relaciones de los Hombres y hacerlos participar en las decisiones del Estado, es otra disciplina filosófica que tiene mucho que decir.
EL ASESORAMIENTO FILOSÓFICO
Lou Marinoff en su obra Más Platón y Menos Prozac (www.capitalemocional.com), plantea que la búsqueda de ayuda profesional para resolver problemas, ha llevado a la Terapia Psiquiátrica y al Asesoramiento Psicológico, a ser un apoyo eficaz en ello. Pero, ambas disciplinas tienen un alcance limitado.
Marinoff opina que todo el mundo tiene una filosofía de vida. Nuestra filosofía de vida puede ayudarnos o bien, puede ser el origen de nuestros problemas. El Asesoramiento Filosófico, proporciona herramientas para ser usadas en la vida cotidiana. Contrario al Asesoramiento Psicológico, que suele ser a largo plazo, el Asesoramiento Filosófico tiende a desarrollarse a corto plazo. Su objeto de trabajo es el presente. Una sesión de a Asesoramiento Filosófico analiza las dificultades, sirviéndose de la literatura filosófica, que luego conducirá a que la persona elabore su propia respuesta. Aunque éste, el Asesoramiento Filosófico, tampoco puede aplicarse a todo.
La Terapia Psiquiátrica y el Asesoramiento Psicológico imitan al modelo médico. Ambas buscan las causas que expliquen los problemas. La Atención Psiquiátrica explica los trastornos mentales en términos físicos, por lo que recetan medicamentos. Mientras que los Consejeros Psicológicos, rememoran los acontecimientos de vida para buscar la causa de ellos. Tanto la Terapia como el Asesoramiento, más que ciencia, son ante todo un arte. Pero, ostentan el monopolio sobre las Terapias Habladas, ya que están reguladas por el Estado. La mayoría de las Terapias Habladas dan resultado, gracias al terapeuta y a la buena sintonía entre éste y su cliente.
El Consejero Filosófico, ayuda a encontrar una interpretación filosófica de sí mismo y de las situaciones que enfrenta. Para lo anterior, Marinoff propone el Proceso PEACE que significa Problema, Emoción, Análisis, Contemplación y Equilibrio. El proceso inicia con la identificación del problema, luego se estudia la reacción emocional inmediata en forma constructiva, posteriormente se estudia el problema de manera progresiva dentro de la esfera psicológica y psiquiátrica, seguidamente se estudia el problema de manera progresiva en la esfera filosófica, para finalmente incorporar a su vida lo que ha aprendido.
Antes de presentar diversos temas de la Filosofía Práctica, Marinoff realiza una revisión filosófica. Expone que las filosofías Hindúes hacen hincapié en la naturaleza cíclica de la existencia, en la no permanencia de las cosas, en los efectos intoxicadores del deseo y en la importancia del desapego. El budismo, expone, establece cuatro nobles verdades: el sufrimiento forma parte de la vida, el sufrimiento tiene una causa, si podemos descubrir la causa y romper la cadena de causalidad, podremos eliminar la causa y eliminar el efecto. El dogma fundamental de la filosofía china es que todo cambia, por lo que debemos hacer esfuerzos en comprender la naturaleza del cambio.
Sócrates sostenía que lo que necesitamos saber esta en nuestro interior, pero, a veces se precisa ayuda para que aflore. Platón proponía, que vivimos en un mundo de apariencias cambiantes y solo podemos acceder a su esencia mediante la razón. Aristóteles planteaba, que la virtud se encuentra en el punto medio entre los extremos.
Francis Bacon consideraba que la experiencia y la razón, son necesarios para conocer el mundo. Thomas Hobbes decía que los seres humanos somos egocéntricos y necesitamos de la influencia reguladora de la civilización y de una autoridad para mantener la paz. René Descartes, privilegia la razón como clave de la comprensión, por lo que no debemos aceptar nunca que algo es verdadero, hasta que se sepa lo que es, sin un asomo de duda. De Galileo toma que, si los hechos no se ajustan a la teoría, es la teoría y no los hechos la que esta equivocada. John Locke comentaba que todo conocimiento procede del exterior. Immanuel Kant consideraba, que las cosas son de una forma determinada y concreta, pero, solo conocemos las apariencias. El mundo, decía, se divide en tal como lo percibimos y tal como es realmente. Jean Jacques Rousseau consideraba, que el Hombre nace bueno y son las instituciones las que lo envilecen. Georg W. Friedrich Hegel planteo la noción de la dialéctica: una tesis produce una antítesis, para luego reconcialiarse y formar una síntesis, que es una nueva tesis y se va a confrontar con una nueva antítesis.
Los Pragmáticos, Charles Sanders Pierce, William James y John Dewey, sostenían que la verdad de una teoría, bondad o valor, se demuestra por su utilidad. Los Existencialistas Soren Kierkegaard, Jean Paul Sartre, Friedrich Nietzsche y Albert Camus, buscaban una moral para obrar correctamente, en ausencia de una idea esencial de bondad.
FILOSOFÍA PRÁCTICA
Dentro de los temas de la Filosofía Práctica, Marinoff plantea que el sentimiento de falta de sentido personal, fue la gran calamidad filosófica del Siglo Veinte. Precisa que hay que distinguir entre Significado y Propósito. El Propósito es una meta, mientras que el significado, es el modo en que comprende su vida sobre una base continuada. Es posible encontrar Propósito sin Significado. Si no se tiene Propósito o no se consigue encontrarlo, los Significados serán menos útiles. Por tanto, nos sentimos mucho más felices cuando creemos tener un Propósito. El Propósito tiene que encontrarlo uno mismo. Las religiones han tenido tanto éxito, porque proporcionan Significado y Propósito a los individuos.
Marinoff plantea, que un trabajo lleno de sentido, es vital para una vida llena de sentido. Pero siempre que se juntan varias personas, habrá diferencias personales y conflicto. La Filosofía Budista sostiene, que los conflictos entre personas (externos), casi siempre son producto de conflictos dentro de las personas (internos). A la vez, plantea que hay que ejercer la majestad a través de la sencillez y encontrar la nobleza a través del trabajo. Además, para vivir una vida ética, se necesita asegurar que su trabajo también es ético.
Otro tema tratado por Marinoff es la relación de pareja. Expone que muchas personas no involucradas en una relación amorosa, invierten gran cantidad de energía en encontrar a su media naranja. Y las personas que tienen una relación amorosa, tienen que invertir una gran cantidad de energía en mantener dicha relación. La Filosofía China enseña que las semillas se plantan al principio, por eso, los finales están contenidos en los principios. Igualmente, aunque se logre encontrar una persona absolutamente maravillosa, ninguna relación es perfecta. Porque las personas son imperfectas. Pero igual que las estructuras ya sean máquinas, organismos o sistemas, la relación de pareja precisa de un mantenimiento ya sea interno, externo, de intervención extrema y de asistencia exterior. Así que una relación bien mantenida, es una suerte de dicha. Un mantenimiento cuidadoso, es la clave de cualquier relación duradera.
Todas las personas obran por interés propio. Y para mantener una relación, se debe buscar un equilibrio de poder, una posición conciliatoria. De hecho, si solo un miembro de la relación se dedica a mantener la relación, al final, se agotaran los fondos de su cuenta conjunta. Martín Buber resalta lo antes dicho, señala que hay dos tipos de relaciones: Yo-Tú, Yo-Ello. Yo-Tú, es un toma y daca mutuo entre iguales. Yo-Ello, se fundamenta en la propiedad y en la manipulación. Es tratar al prójimo como medio para nuestro fin. Es una forma de establecer un desequilibrio que conducirá al conflicto. Los estragos que acarrea el final de cualquier relación, se deben a que falla el mantenimiento o es un extremo unilateral. Definir los límites del mantenimiento, es una de las tareas fundamentales en una relación.
Así que cuando una inversión sentimental no reporta beneficios, hay que acabar con las perdidas mientras aún queda algo por invertir en otra cosa. Epicteto sostiene que, no hay que buscar que los acontecimientos sucedan como uno quiere, sino, que sucedan como sucedan, salir bien parado.
Otro tema de la Filosofía Práctica es la perdida de un ser querido, lo primero es, afrontar nuestra propia mortalidad. Hay que reconocer que la muerte es parte de la vida, pero, esto no significa que esa perdida no vaya a doler. El hinduismo y algunas Escuelas Budistas, proponen la muerte del cuerpo, pero, no la del espíritu. Cada tiempo de vida, consideran, ofrece la posibilidad de adquirir conocimientos y experiencias que lleva consigo a la próxima vida.
Marinoff opina que los motivos tienen que ser tan honrados como los actos. Por lo que otro tema tratado por los consejeros filósofos es la Etica y la Moral. La Ética es una teoría o sistema que describe que es el bien, mientras que la Moral se refiere, a las reglas que nos dicen lo que debemos hacer y lo que no. La Ética trata sobre lo teórico y la Moral, trata sobre lo práctico. El desafío es, tener un sistema ético personal que pueda remitirse en busca de directrices morales.
La Filosofía Occidental propone tres formas sobre la respuesta ¿Qué es el Bien? El Naturalismo, planteado por Platón, propone que la bondad es una forma universal del bien. El Antinaturalismo, sostiene que no hay nada en la naturaleza que sea bueno o malo. Thomas Hobbes considera que el bien y el mal no existen. La Ética de la Virtud, planteada por Aristóteles, señala que la bondad es resultado de las virtudes. La Filosofía Hindú, tomada del Jainismo, plantea actuar asegurándose de no causar daño a los seres sensibles. Esto es una forma muy sencilla de medir el bien. Lo bueno de uno será inversamente proporcional, a la cantidad de daño que hagas a los seres sensibles. Hay dos formas de entender lo que es correcto: La Deontología sostiene, que los actos son correctos o inicuos. Y la Teleología plantea que, la corrección o impropiedad de un acto, depende de la bondad o maldad de su resultado. Las Buenas Intensiones no bastan para asegurar que se sostengan los principios morales.
Finalmente, Marinoff presenta el Dialogo Socrático, como un encuentro con la sabiduría viviente que todo el mundo debería experimentar. El Dialogo Socrático es, un modo organizado de responder a algunas de las grandes preguntas. Funciona mejor con cinco o diez participantes. Emplea la experiencia personal, como base para encontrar una definición universal explícita y precisa del objeto examinado. El primer paso es, decir la pregunta que ha de responderse. El segundo paso, cada participante elige un ejemplo de su propia experiencia, que encarne con la respuesta de la pregunta. Luego, el grupo elige uno de los ejemplos para analizarlo a profundidad. A continuación, el grupo formula una definición que corresponde al ejemplo examinado. La Etapa Final es, refutar la definición con otros ejemplos que no se encuentren entre los que se han presentado. El trabajo del moderador filosófico es, guiar al grupo a través de cada una de las distintas fases.
En el país, la filosofía no vive sus mejores momentos. Esto puede deberse a que la mayoría de gente no le percibe ningún uso práctico. Lo anterior se debe mucho a los mismos filósofos, quienes no explayan su utilidad en la resolución de problemas cotidianos. Éste es el mérito de Lou Marinoff y la Filosofía Aplicada, quien propone la Consejería Filosófica como nuevo oficio. Mientras tanto, la filosofía, como disciplina profesional, ha ido siendo suprimida de la oferta de estudios en nuestras universidades. Aunque vivir sin filosofía es, permanecer extraviado entre los quehaceres cotidianos.
Vía: diariocolatino.com
Física y Filosofía: Kuhn y Lakatos
Por Jorge Gulín González
El trabajo que constituyó su tesis de doctorado: The Cohesive Energy of Monovalent Metals as a Function of Their Atomic Quantum Defects, presagiaba una carrera exitosa en la física. Sin embargo, la necesidad de asumir un proyecto que se propuso introducir la enseñanza de la física y la biología en los estudios universitarios, le hizo inicialmente alternar y luego cambiar la orientación de su trabajo investigativo hacia la filosofía de la ciencia. En 1962 se publica la obra que le daría renombre universal: The Structure of Scientific Revolutions (La estructura de las revoluciones científicas).
Hasta ese momento las tendencias en los principales filósofos e historiadores de las ciencias para explicar la evolución de las ciencias básicas, partía de un avance uniforme del conocimiento, a partir del conocido Método Científico. Kuhn planteó el problema desde una óptica diferente. De acuerdo con sus ideas, los científicos trabajan y formulan hipótesis sobre la base del conocimiento previo existente en la rama en cuestión. Mientras las leyes (digamos de la física) funcionan para explicar los hechos experimentales, no hay necesidad de modificarlas, pero en cuanto comienzan a fallar, entonces es imprescindible un nuevo cuerpo teórico para seguir avanzando.
La comunión de los científicos en torno a un conjunto de leyes y teorías constituye un paradigma. Paradigmas fueron en su época, por ejemplo, la teoría de Tolomeo acerca del carácter central de la Tierra en el universo, o la mecánica de Newton. Paradigmas actuales los constituyen la mecánica relativista y la mecánica cuántica. De cierta forma la teoría de Kuhn establece una discontinuidad en el proceso del desarrollo científico, en contraposición con las ideas previas, que postulaban la continuidad de aquel.
El fracaso de un paradigma en explicar las evidencias experimentales, conduce a una crisis que desemboca en uno nuevo (a través de lo que el llamó una Revolución Científica). No obstante, el nuevo conocimiento no resta carácter científico al anterior, solo actualiza la ciencia al contexto histórico presente. Así, los trabajos de Arquímides, Artistóteles, Galileo, Newton, son tan científicos a la luz actual como la teoría de las supercuerdas. El análisis social de la ciencia a partir de las leyes y teorías científicas vigentes en un período dado y de sus interrelaciones internas, es el gran aporte metodológico de Kuhn y lo que le ha dado trascendencia a su obra.
No obstante ¿Qué sucede cuándo un viejo paradigma que ya no funciona no ha podido ser sustituido por otro? Kuhn planteaba que en ese caso pueden existir múltiples paradigmas coexistiendo aunque sean mutuamente excluyentes. De la contraposición y el debate de ideas, teorías, etc. emergerá victorioso uno de ellos que se constituirá en un patrón nuevo para el campo. Las comunidades de científicos que no lo acepten se integraran a otras comunidades o se mantendrán separados de la corriente principal de la ciencia.
Desde el punto de vista del modelo de Kuhn para explicar el desarrollo de la ciencia este transcurre así:
Inmadura: Precede la ciencia normal, se caracteriza por una serie de esquemas de pensamiento. Aun no constituyen ciencia porque no tienen un paradigma común.
Ciencia normal: Investigación basada en resultados científicos anteriores; realizaciones que alguna comunidad científica particular reconoce en un período dado como base para su evolución posterior.
Crisis: Es resultado de la contradicción entre lo que propone la teoría anterior vigente con lo hechos experimentales.
Revolución Científica: Constituye, en la práctica, la aparición de un nuevo paradigma. El proceso de la revolución científica es caótico en tanto la consolidación del paradigma incluye diferentes opciones para los científicos que no siempre convergen en el "paradigma principal". Ciencia Extraordinaria: Se asocia con la etapa inestable que sobreviene al período posterior a la Revolución. Aún el nuevo paradigma no se ha consolidado. A partir del consenso dela comunidad científica este se establece y vuelve a repetirse el ciclo, comenzando con la ciencia normal.
Dentro de los contemporáneos de Kuhn se destaca el trabajo del matemático y filósofo de origen húngaro Imre Lakatos (1922-1974). Cercano en sus inicios a los trabajos de Popper, posteriormente discrepó de sus ideas, particularmente del problema de la falsacionismo. A pesar de su crítica explícita al falsacionismo de Popper, Lakantos siempre se consideró deudor del científico austriaco.
En Lakatos se hacen evidentes vínculos importantes con las teorías de Kuhn, sobre todo en el papel de la historia, del contexto en la ciencia. Justo en ello se dan algunas de sus diferencias con Popper. En este sentido, Lakatos planteaba que para los científicos la historia de la ciencia demuestra que falsear no es una acción cotidiana, lo que constituía una de las bases de los trabajos de Popper. Para Lakatos la falsación se manifiesta a partir del encuentro entre dos teorías "opuestas" y la experiencia práctica. Así, de la confrontación de teorías con el experimento, surge una victoriosa una de ellas.
El problema de la falsación, fue el aspecto fundamental tratado en su obra Pruebas y refutaciones. En ella planteó que toda teoría o ley surge con un conjunto de "sucesos" que la contradicen desde su creación. Por ello aunque admitía la imposibilidad de alcanzar la Verdad, reconocía que toda nueva teoría era capaz de explicar un número mayor de fenómenos que la anterior y además lograr predecir nuevos hechos; este planteamiento vuelve a tener puntos convergentes con la obra de Kuhn. Para probar su teoría Lakatos estudió amplia y profundamente la mecánica newtoniana.
Los trabajos de Kuhn y Lakatos, así como la de Popper, abrieron nuevos horizontes al problema de la interpretación de la ciencia, su papel en la sociedad, sus métodos de trabajo y su interrelación con otras esferas como la tecnología. En este contexto, el impetuoso desarrollo de la física en la primera mitad del siglo XX, impulsó y de cierto modo guió el desarrollo de la filosofía de la ciencia, y la pertrechó de herramientas teóricas para su sostenido avance.
Vía: prensa-latina.cu
martes, 9 de agosto de 2011
¿La Filosofía y las Humanidades deben abandonar las aulas?
En los días recientes un reclamo ha sacudido a algunos sectores de las redes sociales. Mensajes donde claramente muchas personas se oponen a la eliminación de la filosofía y las humanidades en la educación media superior han circulado por las pantallas. Peticiones de que para dar filosofía se contrate a un filósofo como para biología se contrata a un biólogo también se han hecho presentes. Pero ¿De a qué va todo esto? ¿Por qué no deben quitar esas materias supuestamente inútiles? ¿Qué no es mejor darle más peso a las matemáticas que a las artes? A todo eso hay respuesta. Y ella radica en cómo se han venido dando las cosas.
En el blog de Gabriel Vargas Lozano se describe de manera sencilla —y apasionada— cómo se ha venido dando la discusión entre académicos y autoridades educativas. Destacando la participación del Observatorio Filosófico de México —que él coordina—, y que a lo largo del conflicto ha presentado observaciones, propuestas y recomendaciones que las autoridades ha acatado, para luego desdecirse y rematarla con un pues dice mi mamá que siempre no; básicamente el estado actual de la cuestión. Y el asunto va más o menos así:
Desde el 2008 —e incluso un poco antes—, la Secretaría de Educación Pública comenzó un proceso de reforma educativa. Las famosa Reforma Integral de la Educación Superior (RIEMS, pa’ los cuates). Para realizarse, fue necesaria la creación del “Sistema Nacional de Bachillerato”; sistema que agrupa a todos los planteles que le entren al asunto éste de la RIEMS y que se encargará de implantarlo de manera adecuada. Adecuada, claro, a los términos de la reforma. Uno de estos términos —el que más revuelo causó— fue la desaparición de las humanidades y la filosofía como asignaturas para convertirse en un “eje transversal”.
Es decir —y aquí va una metáfora que la misma SEP utiliza en sus cursos— la filosofía pasa de ser un destino a ser un camino. ¿Quedó claro? No se preocupen, a mí tampoco cuando me lo dijeron en una junta. El rollo es que, en vez de que en las preparatorias se lleven materias como “Ética y Valores”, “Lógica” o “Literatura”, éstas se convertirán es “espírutus” de las demás asignaturas, formas de ver el asunto, lentes qué ponerse. Por ejemplo, cuando el chaval lleve “Biología” se le darán nociones de bioética y cuidado al medio ambiente (que se le hubieran dado en “Ética y Valores”); cuando lleve sus clases de “Comunicación” se le darán a leer novelas (que habría leído en Literatura). ¿Bonito, no? Pues no. Como dice cierta canción de Franco de Vita: No basta.
Todas las disciplinas que engloban la Filosofía y las Humanidades —que tampoco son la misma cosa— son vastas. En un curso tradicional no basta el tiempo para meterse en asuntos tan vastos. Así de simples. Además, se corre el riesgo de que los conocimientos transversales —esos espíritus— se terminen diluyendo debido a que el maestro de biología sabe de mitosis, tejidos y reproducción de los conejos, pero puede andar fallo en cuestiones de bioética; o los conocimientos de cuidado al medio ambiente puede impartirlos como imparte la partes de la célula, sin poder dar el fundamento ético y axiológico de la cuestión —es decir, el cuidado al medio ambiente como un valor—.
Sin las humanidades —que engloban a la literatura y las artes, por cierto— y la filosofía, la escuela se convierte, como dice Gabriel Vargas: “una ‘instalación de entrenamiento técnico’”. De ser educado como humano, pasa uno a ser depositario de datos. Porque sí, la chica sabrá de pi a pa las leyes que vienen en la Constitución, pero no tendrá los fundamentos básicos para poder concluir por qué una ley justa no es necesariamente una restricción a su libertad, sino una posibilitadora de la mismo; o lo qué es peor, cómo saber si una ley es justa o no más allá de las apariencias o de si incomoda su estilo de vida presenta, como tener que separar la basura en orgánica o inorgánica.
Por ello, en 2009, la comunidad dedicada a los quehaceres filosóficos, culturales y científicos —porque la filosofía y las artes no están ni tantito peleadas con las ciencias— protestó en contra de la desaparición de estas áreas del conocimiento y la formación humana. Ante la presión de estos sectores, las autoridades educativas abrieron el diálogo con el Observatorio Filosófico Mexicano que, como otros “Observatorios” se dedican a eso, a observar; observar que se cumplan los acuerdos; que se nadie se pase de listo; que las cosas funcionen como deben hacerlo en pocas palabras. Esta organización —como es de esperarse— agrupa a la principales asociaciones de filosofía del país, por lo que garantizan una postura plural, pero firme, respecto al tema.
Fruto de este diálogo fue el famoso acuerdo 488 que tanto ha sonado por todos lados. En él, se ponían a salvo las materias que, tras eliminarse, se convertirían en espíritus transversales. Casi casi aparecidos de cuento de espantos. Dicho acuerdo entre autoridades y comunidad filosófica se publicó en el Diario Oficial de la Federación, lo que significa que era legal, con todas la ley, por las buenas y en buenos términos. Sin embargo, en 2010, la Secretaría a cargo del señor Alonso Lujambio —famoso por sus declaraciones en pro de las telenovelas— salió con su dice mi mamá que siempre no. Convocó al Observatorio y se echó pa’ atrás en lo acordado.
Y pues sí, por eso andamos malitos de nuestras Humanidades y Filosofía en las escuelas. Y no sólo eso, en el echarse pa’ atrás, también vino implícita la negativa a contratar personal docente adecuado para impartir estas materias. Como dijo el honorabilísimo (sic) director general del Consejo para la Evaluación de la Educación del Tipo Medio Superior, Antonio Gago, “hasta un veterinario puede dar clases de filosofía”. Y nada contra las y los veterinarios —miren que yo empecé mi formación académica ahí—. La cuestión es que, así como una persona cuya formación académica fue en el diseño gráfico no está capacitada para enseñar Literatura, un biólogo tampoco está capacitado para dar filosofía. Zapatero a tus zapatos. Así de simple.
¿Parece descabellada la inconformidad? A mí destemplado juicio, no. De que urge una reforma educativa, urge. Pero de ahí a aceptar a ciegas y locas lo estipulado en la RIEMS hay un enorme trecho de distancia. Las disciplinas que se agrupan dentro de las Humanidades y la Filosofía, a pesar de ser valiosas por sí mismas, también ayudan a los estudiantes a desarrollar otras habilidades que impactarán materias un pelín alejadas, como matemáticas y física. Incluso las actividades deportivas puede mejorar el desempeño de otras áreas. Por ejemplo, durante una clase de dibujo, donde al alumno se le pida retratar las dimensiones y profundidad de un objeto, se le está ayudando a trabajar su capacidad espacial, una habilidad que le ayudará con la geometría y la física. Lo mismo cuando busca controlar el impulso que le dará un balón para meterlo en la portería.
¿Han notado que muchos filósofos son muy duchos para las matemáticas? Bueno, eso es porque el estudio de la Lógica y el cultivo de la razón está íntimamente relacionado con el pensamiento abstracto y el razonamiento numérico. La Psicología —una de las ciencias sociales más populares— también se ve beneficiada con el estudio de la Ética. A través de los dilemas morales, de las diferentes posturas y conceptos de qué es lo bueno, aprendemos a desarrollar empatía hacia personas que viven situaciones distintas a las nuestras, nos ayuda a situar nuestra mente y los procesos de percepción en un contexto social y… podría seguir por párrafos y párrafos. Pero creo que la idea ha quedado expresada.
Una reforma educativa debe dar más, no quitarnos lo poco que ya tenemos.
Un veterinario puede enseñar filosofía, según criterio de la SEP
*La lucha del Observatorio Filosófico es ética, no prescribe: Vargas
*Advierte que recurrirán a todas las instancias, incluso las jurídicas
Karina Avilés
El coordinador del Observatorio Filosófico de México, Gabriel Vargas, acusó a la Secretaría de Educación Pública (SEP), a cargo de Alonso Lujambio, de desintegrar las disciplinas humanísticas y filosóficas en el bachillerato para permitir que cualquier persona de cualquier profesión imparta las materias con el propósito de no tocar las mafias que controlan la designación de los docentes
.
Reveló, asimismo, que en una reunión donde estaba presente el subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Ángel Martínez, se les dijo que un veterinario podía dar clases de filosofía
. Cualquier secretario que tiene un reclamo de la comunidad debería adoptar una actitud dialógica, sobre todo, si quiere ser candidato a la Presidencia. Pero si ésta va a ser la tónica, es realmente grave
.
El pasado lunes, 400 académicos que representan lo mejor de las humanidades en el país como en el extranjero –entre ellos Pablo González Casanova, Alfredo López Austin, Noam Chomsky, Luis Villoro, Miguel León-Portilla, William McBride– publicaron un desplegado en este diario en el que rechazaron que se elimine o simule la enseñanza de la filosofía.
Gabriel Vargas, impulsor del observatorio, quien ha emprendido una lucha contra la eliminación de la enseñanza filosófica en la Reforma Integral de la Educación Media Superior, iniciada hace dos años y medio, afirmó que hay una “cerrazón terrible en la SEP. Su política es la de ‘no veo ni oigo’”.
Molesto, denunció que la dependencia creyó que iban a disolver este movimiento, pero eso no pasará hasta que podamos regularizar esta situación
. Para ello, advirtió que agotarán todas las instancias, incluso jurídicas, con el propósito de que las clases de filosofía, de ética y de lógica, se impartan a los jóvenes mexicanos.
Se trata de una lucha ética, de una batalla que no prescribe.
Por otro lado, explicó, es un escándalo que tengamos que luchar por que se preserve lo lógico, lo normal, lo correcto en la educación, cuando deberíamos estar haciendo programas de actualización para los profesores y profundizando la formación de los jóvenes
. Lo que hace la SEP es burlarse de los estudiantes al privarlos de una educación humanística, abundó.
Gabriel Vargas narró que en junio, el subsecretario Miguel Ángel Martínez los llamó para presentarles al director general del Consejo para la Evaluación de la Educación del Tipo Medio Superior, Antonio Gago, pero después de cuatro horas el encuentro tuvo “resultados negativos, con agresiones de Gago, quien dijo que ‘un veterinario podía dar clases de filosofía’”.
El talón de Aquiles de la calidad de la educación es que la dependencia del ramo permite que cualquier persona, de cualquier profesión, imparta las asignaturas. Y por eso, hasta pretende cambiar los nombres de las disciplinas filosóficas para meter a sus amigos y correligionarios. Algo similar ocurre en el gabinete de Felipe Calderón, donde un politólogo puede ser nombrado titular de la SEP
Vía: LaJornada.
lunes, 1 de agosto de 2011
Entrevista a Axel Honneth [Video]
Jean-Paul Sartre: El filósofo de la acción y la libertad

Se vinculó inicialmente a la fenomenología, como revelan sus primeros ensayos. Con su novela “La Náusea” (1939) aparecieron, sin embargo, enfoques que definirían un campo filosófico propio hacia el existencialismo, filosofía que reivindica la libertad individual como la fuente de la dignidad humana. En “El ser y la nada” (1943) definió la conciencia como “nada”, opuesta al “ser” y ajena a todo determinismo. Pero en “El existencialismo es un humanismo” (1946) se concentró en la libertad como herramienta para la lucha política contra la injusticia. Vinculado al PC francés, se alejó tras la invasión a Hungría. Su autobiografía “Las palabras” le valió el Nobel en 1964, que rechazó. Piezas como “A puertas cerradas” aún marcan un camino en el teatro de hoy.
La figura de Sartre
Hombre de estatura pequeña –un metro, cincuenta y siete centímetros, documenta su biografía– y altísima incidencia en los debates de su tiempo, Jean-Paul Sartre concentró todos los atributos que definían el valor de un intelectual. Intentó una filosofía singular; fue a la guerra, animó la Resistencia; enseñó en La Sorbona; escribió una preciosa obra narrativa y teatral; adhirió al comunismo, a la Revolución Cubana, al maoísmo; ejerció la crítica literaria con minucia y talento notables, y alentó las revueltas del 68. Hasta su particular relación de pareja con Simone de Beauvoir parecía el ensayo público de un modelo alternativo al amor burgués. “La figura de Sartre –escribió Jean-Luc Nancy– concentra de manera saliente los aspectos esenciales de un tiempo de duda, oscilación y decisión, sobre el cual giró el curso de la praxis filosófica del siglo XX. Y con él, la relación de este siglo con su propia historia, sus posibilidades y sus exigencias”. Sin embargo, el pensamiento de Sartre aparece hoy eclipsado por la fuerza de la militancia y de las palabras pronunciadas a viva voz (“quiso cambiar el mundo –seguía Nancy–, pero no llegó a percibir cómo el mundo y el pensamiento se transformaban”), que ponen en duda su vigencia y su valor.
A raíz de la Segunda Guerra Mundial, concretamente en 1945, se reveló en la literatura francesa un pequeño pero interesante grupo de escritores nuevos. Tomemos esto, si se quiere, como una compensación de las numerosas pérdidas, quebrantos y crisis que la guerra europea suscitó. “Cuando estalle la paz”, decían algunos ya en las vísperas del final, previendo los numerosos problemas y conflictos que surgirían, y entre los cuales no fue el menor el de la “guerra fría”, o sea el trueque en hostilidades de lo que poco antes, por imperativos de la lucha ideológica, y frente al enemigo común, habían dado la sensación de una alianza permanente.
Entre esos escritores nuevos a que he aludido hay que destacar, en primer término, los nombres de Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Simone de Beauvoir y el filósofo Maurice Merleau-Ponty. Su primer órgano de expresión, el punto donde aparecieron congregados, fue la revista “Les Temps Modernes”. De todas las figuras nombradas, la más importante o de obra más trascendente ha sido la de Sartre. Claro es que para justificar esta prioridad habría que anotar, en primer término, la boga extraordinaria alcanzada en aquellos años por la tendencia filosófica existencialista, que, según se ha señalado unánimemente, no es invención de Sartre, puesto que tiene sus raíces más inmediatas en la fenomenología de Husserl y en el existencialismo personal de Heidegger.
Antecedentes del existencialismo
Aunque no sea mi propósito en estas páginas abordar de lleno el existencialismo, la comprobación más absoluta de que esta escuela no es propiamente una creación de Sartre, insistamos, puede hacerse fácilmente limitándonos a citar un libro de Emmanuel Mounier, “Introducction aux Existentialismes”. En una página de dicha obra, el mencionado autor traza un cuadro muy amplio con antecedentes minuciosos de los orígenes del existencialismo. A este fin diseña un árbol genealógico. Sus raíces, de izquierda a derecha, se llaman: Sócrates, los estoicos, San Agustín, San Bernardo; su base está formada por Pascal y, un poco más arriba, por Maine de Biran; el tronco lo ocupa todo Kierkegaard; en el arranque de su copa se extiende la fenomenología; y en el despliegue o follaje de aquella se alargan numerosas ramas que van, empezando por el lado derecho, desde el protestante Kart Jaspers, el movimiento personalista del propio Mounier, y el católico Gabriel Marcel, hasta los rusos Soloviev, Chestov y Berdiaef, la rama judía de Martin Buber y la protestante de Kart Barth; luego, en el centro, Max Scheler, Landsberg, Péguy, Bergson, Blondel y La Berthoniére, para terminar, a la izquierda, con un brazo aparte que arranca de Nietzsche, llena el mayor espacio con Heidegger y remata en un gajo con Sartre.
Si el genealogista hubiera sido un crítico de otro país, no tan ombliguista como suele serlo un francés, hubiera incluido los nombres de Unamuno, Ortega y Antonio Machado.
Aunque nuestro propósito actualmente no sea internarnos en la explicación o contenido del existencialismo –ya que ese propósito es completamente distinto, a limitarnos a comentar las novelas y el teatro de Sartre– no podemos dejar de recordar cierta expresión de Paul Foulquié cuando afirma que la historia de la filosofía pudiera sintetizarse en dos direcciones capitales: esencialismo y existencialismo, inscribiendo en la primera como hito originario el nombre de Platón y como término el de Husserl y los fenomenólogos. Pero pasa que ya en este esencialismo fenomenológico están incursos y se imbrican ciertos elementos de la segunda dirección, pues en definitiva las esencias de Husserl no existen en sí, de modo separado, como tipos ideales de cosas posibles.
¿Acaso se trata de un movimiento literario? No; corresponde contestar categóricamente: ni sus orígenes ni sus propósitos últimos encajan en el plano literario. Ahora bien, restaría por examinar la estación intermedia: sus medios. Y en este punto aparecen muy visibles sus conexiones con lo literario, con aquella literatura que se pretende aparentemente bordear o rebajar, pero en la cual, de hecho, el existencialismo se inserta y halla su más sonoro portavoz, cuando no frecuentemente su expresión más lograda. ¿Por qué? Porque la interacción entre pensamiento y vida, así como también las interferencias entre filosofía, o al menos determinada concepción del mundo, y literatura, se han hecho sus últimos años más acusadas que nunca.
Diversos testimonios –aparte los empíricos– formulados por Simone de Beauvoir, por Sartre, inclusive por una figura algo lateral al existencialismo, como Albert Camus, lo demuestran. “El pensamiento abstracto –escribía el último de los nombrados (“El mito de Sísifo”, 1946)– reencuentra al fin su soporte carnal. Así también, los juegos novelescos del cuerpo y de las pasiones se ordenan según las exigencias de una visión del mundo. Ya no se cuentan ‘historias’; se crea un universo. Los grandes novelistas son novelistas filósofos, es decir, lo contrario de los escritores de tesis. Así Balzac, Sade, Melvilla, Stendhal, Dostoievsky, Proust, Malraux, Kafka… La elección que hacen, al escribir con imágenes, más que con razonamientos, revela cierto pensamiento que les es común, persuadidos como están de la inutilidad de todo principio de explicación y convencidos del mensaje que enseña que posee la apariencia sensible. Consideran la obra de arte como un fin y como un comienzo. Es la consecuencia de una filosofía inexpresada, su ilustración”.
Las palabras de Sartre
Desde luego, el existencialismo es fundamentalmente una doctrina filosófica. Sin embargo, ¿cabe acaso considerarle asimismo, dados sus medios expresivos y sus repercusiones más notorias, como una escuela, como un movimiento literario? Durante algún tiempo, al promediar la década del 40, pudo parecer que sí, pero no tardó en demostrarse la inanidad de tal supuesto. Como quiera que –diríamos, sin gran hipérbole– Francia no puede vivir sin escuelas literarias, en el vacío que siguió a la guerra quiso llenarse el hueco dejado por el superrealismo con los primeros actos y ademanes del existencialismo sartreano. Pero se confundió la cáscara con la almendra. Se tomó cierta aureola pintoresca, la pululación anecdótica y la fauna más o menos amoral que poblaba entonces los cafés y las “caves” de Saint-Germain-des-Prés y aledaños, por la representación viva de un “modo” literario. Los flecos de tal ornamento cubrieron durante algún tiempo el verdadero rostro del existencialismo. El absurdo, la nada, el pesimismo, la ruptura total de convenciones no fueron tanto expresiones “literarias” como epifenómenos de una época de guerra, terror y demoliciones físicas, a la par que morales. Con todo, resultó curioso observar cómo una doctrina, “la menos escandalosa, la más austera, destinada estrictamente a técnicos y filósofos” (según palabras del propio Sartre), suscitan tales revuelos y equívocos. Cierto, en última instancia, que una cosa es la doctrina, a cuya entraña no es tan hacedero llegar, y otra cosa la representación que todos alcanzan de un mundo sacudido, de unos personajes turbios como los que viven en las ficciones existencialistas.
Ahora bien, dejemos a un lado, por el momento, todo lo referente al existencialismo de Sartre y sus corifeos. Con razón Simone de Beuavoir fue la primera en señalar, seguida luego por numerosas opiniones coincidentes, que el existencialismo se halla más explícito, cobra cuerpo tangible y se extiende mejor en las obras de imaginación que en las de pura especulación filosófica. Esto se advierte en forma inequívoca en las novelas y en el teatro de Sartre.
En cuanto a los inevitables datos biográficos de Sartre habremos de limitarnos a cuatro rasgos esenciales. Nació en París el 21 de junio de 1905; se graduó en la Escuela Normal Superior en 1924; en 1929 obtiene la licenciatura en filosofía. Profesor en Le Havre de 1931 a 1933. Fue luego becado en el Instituto Francés de Berlín donde estudió a Husserl y Heidegger. De 1934 a 1939 enseña filosofía en Le Havre, Laon y Neuilly. Movilizado en 1939, fue hecho prisionero el 21 de junio de 1940, y liberado en 1941 pasa al servicio de sanidad. Reanudó su actividad de profesor en Neuilly, luego en el liceo Condorcet. Participó activamente en la Resistencia. Dejó la enseñanza en 1945, año de la fundación de “Les Temps Modernes”, y se consagró desde entonces a su obra filosófica, literaria y teatral.
Los demás datos biográficos de nuestro autor constan en el primer tomo de su autobiografía, que se titula “Las palabras” (1963). En sus páginas nos cuenta detalladamente sus antecedentes familiares y sus primeros estudios, aunque solo llegue a sus años de adolescencia. De ascendencia universitaria, el abuelo era profesor. En su familia figura un hombre ilustre, el famoso Albert Scweitzer. Vivió, pues, desde los primeros años entre libros (igual que Borges), de suerte que “las palabras” constituyeron su verdadero ambiente familiar. No hemos de dar más detalles de este libro y sí al contrario recomendar su lectura, ya que en definitiva se trata de la mejor obra, considerada literariamente, la más puramente escrita, y aún burilada, de toda la bibliografía sartreana.
Un adelantado: Benjamín Fondane
Un acto de justicia es recordar aquí –por lo mismo que habitualmente se le olvida– no a un antecesor, pero sí a uno de los adelantados del existencialismo, situado en aquel vértice donde se encuentran filosofía y poesía. Me refiero al escritor rumano de expresión francesa Benjamín Fondane, muerto como resistente en un campo de concentración nazi. Por algo se le llamó “découvreur avant la lettre de l’existentialisme” –en Francia, se entiende–, y testimonio último de su consagración a estos temas es el ensayo póstumo, tan penetrante y original, sobre “El lunes existencial y el domingo de la historia” incluido en el volumen colectivo “La existencia” (1945), que asimismo recoge los textos de Albert Camus, Jean Grenier, Etienne Gilson, etc. La actitud mental de Fondane pudiera señalar, a mi ver, tanto un punto de confluencia como de bifurcación entre ciertas corrientes que se habían dado ya lo mejor de su zumo hacia 1930 –el superrealismo, en primer término–, y aquellas otras que tímidamente trataban de abrirse paso en la sombra, con el existencialismo, a raíz de las primeras traducciones de Kierkegaard. Del primer movimiento, Fondane retenía ciertas aportaciones capitales, la disconformidad contra el mundo racional, la apelación al subconsciente; del segundo, adelantaba ciertas confusas nociones, como la desconfianza en el idealismo, la tendencia a cargar el acento en lo pasional y subterráneo del espíritu. Pero todo ello visto a través de su maestro León Chestov, de la lucha emprendida por este filósofo (su libro capital en este sentido: “La filosofía de la tragedia: Dostoievsky y Nietzsche”, 1926) contra las evidencias que la necesidad nos coacciona a aceptar, y de su esfuerzo por perforar, según sus palabras: “la segunda dimensión del pensamiento”, cuya inmediata perspectiva son “las revelaciones de la muerte”. Por lo demás, el preexistencialismo de Fondane, no menos que en Chertov y Kierkegaard, se apoyaba en Dostoievsky, el de las “Memorias del subsuelo”. Y su desazón, al buscar un modo de conocimiento más flexible que el metro rígido de la razón, lindaba, a la vez, lo supiera o no, con el desasosiego de nuestro Unamuno.
El absurdo y la nada
Volviendo ahora a las novelas de Sartre, en primer término a “La náusea”, su existencialismo puede traducirse en el comportamiento del héroe Antoine Roquentin; queda corporizado en la angustia, sinónimo en la ocurrencia de náusea, de insensibilización ante el mundo, experimentado como un vacío y una desolación. Correlativamente puede significarse en el tedio. Súbitamente los objetos familiares pierden consistencia y su identidad; las palabras no ocultan ya las cosas que –escribe Jolivet– “liberadas de sus nombres se nos presentan testarudas, gigantes en su materialidad cualquiera y absurda”. Advertimos que, en el fondo, en la existencia, nada hay estable, sino lo que nosotros hemos moldeado en ella. “Y a causa de este deslizamiento –o vértigo– caemos perpendicularmente en la náusea”. Por lo demás, agregar que Roquentin, el protagonista, y casi el único personaje de esta novela tan despoblada y fantasmal, tan deliberadamente escasa de peripecias externas como rica en alusiones insignificantes, es una suerte de esquizofrénico, no explica gran cosa. La náusea que experimenta ante el mundo mediocre que le rodea no es física, sino metafísica. Es el sentimiento –insistiremos– de la existencia como un vacío donde lo vital se aniquila y donde, contrariamente, las formas inorgánicas de la materia asumen, al ser contempladas con frialdad y desprendimiento, una presencia fascinante. Cuando el protagonista de dicha novela contempla la raíz de un castaño, en un jardín público, y tiene la iluminación de lo que quiere significar “existir”, su soliloquio desemboca naturalmente en lo absurdo. “La palabra absurdo –escribe después, recapacitando– nace ahora de mi pluma; hace un rato, en el jardín, no la encontré, pero tampoco la buscaba, no tenía necesidad de ella; pensaba sin palabras, en las cosas, con las cosas. El absurdo no era una idea en mi cabeza ni un hálito de voz, sino aquella serpiente o garra de raíz o garfios de buitre, poco importa. Y sin formular nada claramente, comprendía que había encontrado la clave de mi existencia, la clave de mi náusea, la clave de mi propia vida. En realidad, todo lo que pude comprender después se reduce a este absurdo fundamental”. Y a continuación hace una serie de digresiones sobre lo absurdo, considerándolo como algo relativo en el mundo de los hombres, a pesar de lo cual él había tenido, al contemplar hipnotizado aquella raíz nudosa, la esperanza de lo absoluto, sinónimo de absurdo.
Para Roquentin, la existencia no es la necesidad; existir es estar ahí simplemente; los existentes aparecen, no se dejan encontrar, pero nunca puede uno deducirlos.
La obra capital de Sartre en el género novelesco, al menos superiormente ambiciosa de intenciones, es “Los caminos de la libertad”, cuyos tres tomos publicados se denominan, respectivamente, “La edad de la razón” (1944), “El aplazamiento” (1945) y “La muerte en el alma” (1948), sin olvidar que aparecieron algunos fragmentos del cuarto tomo titulado “La derniére chance”, aunque no se hayan recogido en libro.
Asimismo, dada la magnitud de “Los caminos de la libertad”, junto a su multiplicidad de acciones y personajes, no es posible intentar nada parecido a una síntesis descriptiva. Exteriormente viene a ser una crónica novelesca contemporánea: comienza cuando la guerra de España, en julio de 1936. En el primer tomo, la presunta libertad que pretenden corporizar sus personajes se queda en flojedad de carácter y turbiedad moral. Basta recordar que el eje de la acción es un aborto.
El segundo tomo, “El aplazamiento”, tiene como fondo los días de Munich, la breve tregua, antes de la guerra de 1940. La crónica de las jornadas políticas cobra un primer plano de interés, un sentido unanimista, acentuándose el conflicto entre la “situación” y la “libertad”, y mostrando –glosa Marill Alberés– que “el individuo, por libre que sea en sí mismo, está condicionado por lo que sucede en el mundo y depende de los acontecimientos que en el mundo ocurren”. Luego –consecuencia de un determinismo tan previsto como ineludible– siempre podemos hacer lo que queremos, pero no de manera absoluta; “solo en relación con un problema que no podemos eludir”.
El tomo siguiente, “La muerte en el alma”, es la crónica de la derrota y la huida. Las peripecias se multiplican más que en ningún otro, pero solo alcanzan relieve y cierta grandeza en el capítulo final, cuando el protagonista, subido en un campanario, dispara con su fusil contra los cañones y los tanques del ejército invasor, lleno de saña, queriendo vengar con cada disparo un fracaso de su vida.
El hombre se crea en su esencia –dice Sartre–, se elige a sí mismo y decide sin puntos de apoyo ni criterios preestablecidos. Por ello, es libre. Esta libertad es, sin embargo, una condena. El hombre no puede no ser libre. La angustia, precisamente, nos revela nuestra condena a la libertad. El hombre, en definitiva, es acción. Libertad y acción caminan juntos. Y Jean-Paul Sartre era un hombre de acción, libre y comprometido al mismo tiempo.
Armando Almada-Roche
armandoalmadaroche@yahoo.com.ar
Vía: abc.com
Siete preguntas para iniciarse en la Filosofía [reseña]

Jorge Estrella
Lo que este libro ensaya es la recuperación del sentido de la filosofía como esa "complicidad, propia de los antiguos, del pensamiento y de la vida" (página 22). Esto es, sacarla de los tecnicismos de eruditos en que se ha degradado.
El plan del volumen se construye desde siete preguntas filosóficas que permiten al autor desplegar las dificultades que los filósofos tuvieron para examinarlas y responderlas. ¿Reflexionar puede hacernos felices? ¿Hay que respetar las leyes? ¿Por qué nos fascina la belleza? ¿Qué se aprende verdaderamente en la escuela? ¿Hay que creer en Dios? ¿La democracia es el mejor régimen político? ¿Cómo hay que prepararse para morir?
El estilo de Pépin oscila entre el examen filosófico alejado de tecnicismos y cercano a los manuales de autoayuda, y la revisión severa de ideas a través del estudio de los clásicos de la filosofía.
Aunque el texto conserva vicios arraigados en la tradición filosófica (la diferencia señalada entre hombres y animales o la distinción entre ciencia y filosofía, por ejemplo) la formulación de los problemas filosóficos involucrados remonta eficazmente y puede familiarizar, al lector no formado, con el método filosófico.
Claro, bien escrito, con abundantes ejemplos sacados de la vida cotidiana, esta introducción a la filosofía no repite la árida tradición de los
manuales en uso. Y cumple su propósito de mostrar al ejercicio filosófico como nacido desde la vida misma.CHARLES PÉPIN
(Claridad - Buenos Aires)
Vía: lagaceta.com.ar
sábado, 30 de julio de 2011
Grandes pensadores: Karl Marx [Video]

Capítulo de la serie “Grandes filósofos” dedicado a Karl Marx. En este capítulo, se hace un recuento panorámico de la vida de Marx en el que se menciona el momento de producción y publicación de algunas de sus obras como “El manifiesto comunista”, “El dieciocho brumario de Luis Bonaparte”, “Contribución a la crítica de la economía política” y “El capital”. Asimismo, en el documental se ofrece una breve explicación de conceptos como “fetichismo”, “plusvalía” y “materialismo histórico”.
Vía: doclecticos.blogspot.com
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