Alain Badiou y el 15-M: “una modificación brutal de la relación entre lo posible y lo imposible”.

En su sesión del 25 de mayo de 2011 de su seminario “¿Qué significa cambiar el mundo?”, el filósofo francés Alain Badiou hace alusiones directas al movimiento 15-M y aporta algunos conceptos y juegos de distinciones altamente precisos, pertinentes y orientadores para pensar lo que (nos) está pasando.

Heidegger, el enemigo filosófico número 1.

Una reflexión crítica sobre el pensamiento de Martín Heidegger y su compromiso político.

Michel Onfray Filósofo aquí y ahora [Documental subtitulado]

Documental del canal Arte, realizado en 2008 sobre la vida del filósofo.

La actualidad de Karl Marx [Podcast]

Jean-Philippe Jáze. Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades, UAEM, nos habla de la importancia del pensamiento de Karl Marx.

Esbozo histórico de la filosofía mexicana del siglo XX.

Un recorrido por los más importantes pensadores de la filosofía mexicana.

Sartre: "La edad de las pasiones". [Película con subtítulos en español]

Película en dos partes hecha para la televisión francesa en donde se aborda la vida de Sartre y su inseparable compañera Simone de Beauvoir en medio de la rebelión en Argelia, la oposición en contra de De Gaulle y su vida amorosa, pasando por su visita a Cuba y Rusia y sus manifestaciones políticas..

Foucault por sí mismo [Documental con subtítulos en español]

Documental que ofrece un panorama de algunos de los temas principales sobre los que reflexionó Michel Foucault a lo largo de su vida. Este panorama se construye a partir de las propias palabras del autor, puesto que el documental en su totalidad está conformado por la ilación de fragmentos de declaraciones de Foucault, de algunos de los cursos que dictó y de citas de sus textos.

Zizek! El documental [Subtitulado en español]

Documental Zizek! realizado por Astra Taylor y protagonizado por el escritor y académico conocido en todo el mundo como “el Elvis de la teoría cultural”, el esloveno Slavoj Zizek, donde se explora su trabajo y excéntrica personalidad.

lunes, 16 de enero de 2012

La Filosofía y la RIEMS

Debate en la televisión pública sobre el lugar y función de la filosofía en relación con la RIEMS.

domingo, 15 de enero de 2012

Michel Onfray: La vida filosófica de Albert Camus

Presentación del nuevo libro de Onfray sobre Camus en La grande librairie del 5 de enero 2012. Es un programa presentado por François Busnel, en esta ocasión además de Onfray estaba Daryush Shayegan y Rithy Panh presentando libros, limité el video a las intervenciones relacionadas con Camus.




martes, 3 de enero de 2012

Grandes filósofos: Baruch Spinoza

Baruch Spinoza - Grandes filósofos - Canal á
Capítulo de la serie "Grandes filósofos", producida por el Canal á de Argentina, dedicado a Baruch Spinoza. En este capítulo se mencionan algunos hechos significativos de la vida de Spinoza, como su formación religiosa y excomunión de la comunidad judía, y se exponen de forma sucinta algunos de sus pensamientos filosóficos: su visión de que tanto el pensamiento infinito como la extensión infinita son atributos de Dios, su forma de comprender la ética y su idea del conato, el esfuerzo de cada cosa "por perseverar en su ser".


lunes, 2 de enero de 2012

György Lukács: Gran hotel abismo




Cada día se hace más evidente que los problemas del capitalismo decadente se vuelven insolubles. Permanentemente se amplían los sectores de la mejor parte de la intelectualidad que ya no pueden taparse los ojos ante esta pesadilla, ante la imposibilidad de resolver aquellos problemas cuya solución es la base vital específica de estos sectores y cuya respuesta conforma la base material y espiritual de su existencia. Precisamente la parte más seria y mejor de esos sectores llega hasta aquel abismo que permite percibir la insolubilidad de estos problemas. Al borde del abismo desde el que se divisa la doble perspectiva: por un lado, el callejón sin salida intelectual, la anulación de la propia existencia intelectual, la caída en el abismo de la desesperación; del otro lado el salto vitale hacia el campo del proletariado revolucionario, el salto vitale hacia el futuro luminoso. Esta elección es de una extraordinaria complejidad para un productor literario, precisamente, en cualquier circunstancia. Porque, para lograr dar el salto, tales productores deben transformarse espiritualmente en un grado mucho mayor que cualquier otro sector de la sociedad.

El Gran Hotel “Abismo” ha sido dispuesto –sin intención– para dificultar todavía más este salto. Ya hemos hablado aquí del confort material, por supuesto relativo, que la burguesía parasitaria del período imperialista puede ofrecer a sus opositores ideológicos. Pero la relatividad de este confort material, su austeridad e inseguridad en comparación con aquello que la burguesía ofrece a sus alcahuetes ideológicos directos, cuenta también entre los elementos del confort espiritual. Refuerza la ilusión de la independencia respecto de la burguesía, de “estar por encima de las clases”, la ilusión del propio heroísmo, de la propia disposición para el sacrificio, la ilusión de haber roto ya con la burguesía, con la cultura burguesa, y todo esto cuando todavía se está con ambos pies sobre terreno burgués.

El confort espiritual del Hotel se concentra en la estabilización de estas ilusiones. Se vive aquí en la más exuberante libertad espiritual: todo está permitido; nada escapa a la crítica. Para cada tipo de crítica radical –dentro de los límites invisibles– hay habitaciones especialmente diseñadas. Si alguien quiere fundar una secta en busca de una mágica solución ideológica para todos los problemas de la cultura, allí encontrará a su disposición salas de reunión destinadas a este propósito. Si uno es un “solitario” que, solo e incomprendido por todos, busca su propio camino, allí recibirá una habitación extra especialmente diseñada en la que, rodeado por toda la cultura del presente, puede vivir “en el desierto” o en la “celda monástica”. El Gran Hotel Abismo se presta para todos los gustos y está acondicionado previsoramente para todas las orientaciones. Toda forma de embriaguez intelectual, pero también toda forma de ascetismo, de autoflagelación, está igualmente permitida; y no solo permitida, sino que hay allí bares equipados con gran esplendor, que cuentan con instrumentos y aparatos de tortura fabricados con excelencia para esta necesidad. Y no solo para la soledad; también está equipado para la sociabilidad de todo tipo. Cada uno, sin ser visto, puede ser testigo de la actividad de cualquier otro. Todos pueden tener la satisfacción de representar el único ser sensato en una Torre de Babel de la locura universal. La danza macabra de las cosmovisiones que tiene lugar cada día y cada noche en este hotel se vuelve, para sus habitantes, una agradable y excitante banda de jazz, con cuya música pueden recuperarse luego de la agotadora cura del día. ¿Deberíamos asombrarnos de que muchos intelectuales, al final de un camino agotador y desesperante, se contenten con dar cuenta de los problemas insolubles de la sociedad burguesa desde un punto de vista burgués; de que, al llegar al borde de este abismo, prefieran instalarse con comodidad en este hotel antes que quitarse sus resplandecientes vestidos y atreverse a dar el salto vitale por encima del abismo? ¿Deberíamos asombrarnos de que este hotel, lujosamente equipado para las cumbres más elevadas de la intelectualidad, tenga por todas partes sus copias más provincianas y menos lujosas en el interior de la intelectualidad y de la pequeñoburguesía?

En la sociedad burguesa de nuestros días, hay toda una serie de transiciones que van desde las bandas de jazz, orquestadas con refinamiento, de la danza macabra de las cosmovisiones, hasta los coros ordinarios y los gramófonos de los bares auténticos, donde también se bebe y tienen lugar las danzas macabras de las cosmovisiones burguesas, la mayoría de las veces, de un modo por completo inconsciente para el pequeñoburgués que está presente.

Fragmento de Gran Hotel Abismo, artículo escrito por Lukács en pleno ascenso del nazismo pero no publicado en vida del autor, ahora traducido al castellano e incluido en este volumen, y también con traducción de Vedda.


Vía: pagina12.com.ar


La coartada de Heidegger

Avelina Lésper

“No dejemos que las teorías y las ideas sean las reglas de nuestro ser. El Führer mismo y sólo él es la realidad alemana y su ley, hoy y en el futuro”.

“Que actué o no actué esta voluntad depende de una cosa: que nosotros los alemanes, un pueblo históricamente espiritual, seamos nosotros mismos la voluntad otra vez.


—Martin Heidegger.



Ser consecuentes con nuestro tiempo fue la explicación que dio Heidegger por su entrega febril, frívola e incondicional al exterminio de millones de personas. Estamos acostumbrados a que el mal se ejerce como un acto cruel y antisocial con ciertas características: violencia, criminalidad, el daño evidente en contra del otro, la devastación social y anímica de las víctimas. Es algo palpable y detectable. Pero existe el mal de las ideas, ese que ejerció Heidegger y que desata consecuencias terribles. Su colaboración a la construcción de una ideología y su genocidio fue dedicarle su filosofía y pensamiento, delatar a sus alumnos y compañeros académicos judíos para que los enviaran a los campos de exterminio y motivar a sus alumnos arios a que se inscribieran en la SS o cualquier grupo militar del partido nazi.


Esta ideología es conducta asesina, es el mal en una de sus formas. El mal no es una abstracción ni es una categoría moral; el mal se comete, es un hecho que se manifiesta con actos que niegan la ética. Si para Heidegger sus actos respondían a su tiempo, esto elimina a la ética y la cambia por un código flexible, adaptable a lo que le convenga, a la moda, a la debilidad de un carácter que con esto encuentra la posibilidad, políticamente correcta, de dejar en libertad a las inclinaciones criminales. Heidegger se despojó de su responsabilidad con descarada cobardía. La cobardía también es una de las manifestaciones del mal.

El mal tiene nombres y responsables, tiene rostros, las entelequias en las que las religiones monoteístas lo han enmascarado, dándole una presencia metafísica y fantasmagórica sirven para evadirse del juicio social y legal por sus crímenes. Para la ética un asesinato ideológico es igual de criminal si se comete en nombre de dios o del nazismo; las ideologías no cambian los hechos. El marqués de Sade, gran analista de este fenómeno y de sus manifestaciones, hizo de las religiones el mal auténtico y más peligroso, porque la religión es ideología. Contradiciendo la teoría de Russeau del buen salvaje, -nacemos con una predisposición al bien y es la sociedad la que nos pervierte-, Sade grita que somos una naturaleza brutal y que las leyes nos someten para que no abusemos del más vulnerable. Así, el mal no es una fábula demoniaca, es una conducta humana y sus consecuencias deben ser castigadas. ¿Las leyes nos previenen del mal? Sólo si se rigen por la ética, no por la ignorancia tribal del grupo en el poder, cosa increíblemente difícil y frágil.


EL ORIGEN DEL NAZISMO COMO OBRA DE ARTE.

Para Heidegger el arte no puede ser visto fuera de su contexto filosófico e histórico, se manifiesta en contra de la apreciación estética del arte, podríamos decir del placer puro, sensorial y emocional de ver la obra. La “verdad” es la forma de entender la dinámica histórica de nuestro tiempo, entonces esa verdad está cargada con la ideología del momento. Su discurso El Origen de la Obra de Arte es una pieza de propaganda que impulsa la noción del arte con intenciones proselitistas e ideológicas y es algo más, otorga calidad de arte a la construcción del modelo social, estético y filosófico nazi. La verdad que atribuye como un surgimiento “imponente” del ser de la obra es la idea que antecede o ampara a la obra. La descripción de la campesina, que según él, es la dueña de los zapatos que sirvieron de modelo para la pintura de Van Gogh es la idealización del campesino de la iconografía nazi. El discurso sobre la tierra de la que todo emerge, sus referencias teístas a la naturaleza es la obsesión nacionalista por los bosques y la vida campirana aria. Recordemos el amor de Hitler por las montañas y los niños vestidos de tiroleses. Enfatiza esa vida natural que se oponía a la vida decadente del Berlín cosmopolita que el nazismo se encargó de aniquilar. Con su fijación por relativizar la ética y la responsabilidad del ser ante sus actos, insiste en que nuestra experiencia de la realidad cambia a través del tiempo, y que el arte ayuda a que asimilemos este cambio porque lo muestra en su “verdad”. Heidegger decidió que su tiempo era el nazismo, que su realidad era afiliarse a una dictadura genocida, no respondió con la rebeldía heroica y desarrolló argumentos que falsean y manipulan la noción de obra de arte. Su descripción del templo griego que “alberga el destino del hombre” su inclusión de la creación divina, -una fábula que no tenía por qué entrar en un discurso lógico-, refuerza el concepto de “destino” que comparte la obsesión que tenía Hitler por el significado de las obras arquitectónicas en el nacimiento de una nueva nación. En un discurso megalómano, en donde no existen palabras inocentes, desarrolla el tema de la “utilidad” de la cosa para alejarnos de la noción de la inteligencia creadora y concluir que esa utilidad que la obra de arte no comparte con los objetos de uso, sí la comparte con la verdad y entonces la utilidad del arte es ideológica, nos refleja, nos explica, nos involucra en la historia y en la realidad de nuestro tiempo. El peso histórico de la obra está en su compromiso político. Es interesante como le atribuye al arte en esa verdad, el poder y la misión de la “desocultación” de la revelación, cuando delatar era la práctica de un buen ciudadano y “desocultar” o “no-ocultar” al enemigo un acto ejemplar, merecedor de una medalla. ¿Qué deseaba sacar a la luz a través del arte? ideas, verdades, ocultarse es “negarse, disimularse” e insiste: “la esencia de la verdad, es decir, la desocultación está dominada por un rehusarse en el modo de la doble ocultación”; nadie se puede rehusar a delatar.

Con estas afirmaciones Heidegger en realidad no está hablando de arte, esa es su coartada, por eso nunca menciona el proceso del artista, no habla de talento, cuando toca a la técnica es una generalidad y no profundiza, no menciona ni escuelas, ni rasgos de la obra en factura, composición o formas. Heidegger está hablando del hombre nazi como obra. Analizando estos ensayos desde este punto de vista de vista y usando sus términos, se “desocultan” sus intenciones y sus ideas. Desglosa las bases de la ideología nazi como arte, entrando en el proceso de involucrar a todas las formas de pensamiento “con las fuerzas y demandas del Estado Nacional Socialista” como lo exigió Hitler. El hombre ario es la verdad que en ese momento adquiere dimensión universal y le da la autoridad de decidir sobre la vida de los otros, la verdad de ser elegidos, la verdad de ser paradigmas. “La verdad acontece como la lucha primordial entre el alumbramiento y la ocultación”; “La verdad en los zapatos de Van Gogh acontece al manifestarse el ser útil de los zapatos”; el énfasis del discurso está en la “utilidad de la verdad”, servir a una ideología es la verdad. Es tan criminal el que a diario ejecuta a miles de personas como el que escribe este tipo de propaganda en apoyo de la dictadura genocida. Su obsesión por el origen: “El origen es la fuente de la esencia dentro de la cual está el ser del ente”, es el origen que se convirtió en una de las leyes del nazismo, la sangre aria, limpia de otras razas y el hombre como resultado de esa pureza, de esa esencia “El poder que debemos preservar, en el sentido más profundo, es el del Volkpueblo, que está enraizado en el alma y en la sangre” dijo en su discurso de nombramiento como rector o como él mismo se hizo llamar el Führer de la Universidad de Friburgo.

Al final de la Segunda Guerra Heidegger se pronunció víctima del efecto Mitlaüfter o “los que siguen a los mitos imitando la conducta de la mayoría”, evadiendo su responsabilidad. Yo le pregunto: si la filosofía no ayuda a diferenciar el mito de la realidad entonces ¿para qué es? y ¿qué mito justifica el genocidio? Disculpándose a sí mismo y a los millones que apoyaron a Hitler, su débil excusa le permitió regresar a impartir clases en la Universidad de Friburgo, pero su reinserción académica no impide que veamos en su obra una apología al más grande crimen del que la humanidad tenga memoria. Si hizo tanto énfasis en el posicionamiento histórico de la obra -“el arte es histórico y como tal es la contemplación creadora de la verdad en la obra”- es porque se creía poseedor de la verdad del que triunfa en la guerra, por eso escribió como promulgador y testigo de una verdad. Es la Historia, esa que tanto menciona en su texto, la que le da el espejo de su derrota y le demuestra que el peso de la filosofía no es capaz de justificar ningún crimen y que su asesina colaboración no se puede borrar con un discurso.

Publicado en la Revista Replicante.


miércoles, 28 de diciembre de 2011

sábado, 19 de noviembre de 2011

Adela Cortina habla sobre el Día Mundial de la Filosofía.




Adela Cortina habla en el programna Punto de vista, sobre el día mundial de la filosofía.


Para escucharlo dale click AQUI.


O en el reproductor de abajo.






¿Cómo ejercer el pensamiento filosófico?




En estos dos libros uno de los más grandes pensadores de la historia de la filosofía, Martin Heidegger (1889-1976), no solo se enfrenta con la mejor teología alemana del siglo pasado, representada por el teólogo Rudolf Bultmann (1884-1976), sino también con dos clásicos de la tradición filosófica: Heráclito y Nietzsche. Aunque la correspondencia entre Heidegger y Bultmann (entre 1925 y 1975) se centra principalmente en la relación entre la filosofía y la teología, y los cursos de 1941-1942 están dedicados a algunos fragmentos fundamentales de Heráclito y Nietzsche, es el ejercicio filosófico en su significado más genuino el que está en el centro de estos dos textos admirablemente traducidos.

Durante su larga carrera Heidegger siempre recordó que la filosofía no es una disciplina positiva como la física o la sociología que, una vez comprendidos todos los principios y mecanismos, se pueden empezar a aplicar para obtener resultados, sino un "pensamiento sobre el pensamiento" donde no hay resultados. Aunque esto pueda parecer un juego de palabras, en realidad es lo que define la filosofía y la diferencia de las otras disciplinas donde el pensamiento está subordinado a las necesidades de las diferentes ciencias, ideologías o religiones. Esta subordinación es precisamente el mayor problema que el pensador alemán atribuyó a la filosofía de sus tiempos porque la llevó a olvidar su cuestión fundamental: la pregunta por el ser, por lo esencial, por la existencia de las cosas. Por estas razones, para ejercer el pensamiento filosófico es necesario partir del presupuesto de que la filosofía no es pensamiento o sabiduría al servicio de otras disciplinas, sino más bien "amor a la sabiduría" donde la verdad no se "analiza y aplica", sino que se "cuestiona e interpreta". Es en este contexto en el que Heidegger nos invita a "ejercer el pensamiento" interpretando sentencias filosóficas como las de Heráclito ("Si todo lo ente se desvaneciera en humo, entonces podrían ser las narices las que lo diferenciaran: lo ente en cuanto ente") y las de Nietzsche ("Verdad es el tipo de error sin el cual un determinado tipo de seres vivos no podría vivir. Lo que decide en último término es el valor para la vida") en la que el pensamiento no está subordinado, sino "liberado" por la pregunta de la existencia humana.

Esta misma determinación y este mismo ejercicio del pensamiento filosófico ocurren en la correspondencia entre Heidegger y Bultmann, quienes además de estar unidos por una gran amistad eran colegas en la Universidad de Marburgo en los años veinte. Aunque Heidegger respetaba la teología desmitificadora de Bultmann, prefería renunciar a las numerosas invitaciones que recibía del teólogo (para publicaciones y conferencias conjuntas), porque consideraba que la forma "óntico-positiva" con la cual su teología abordaba los problemas fundamentales de la existencia, no era compatible con su perspectiva "ontológica-critica", es decir, filosófica. Ejercer el pensamiento filosófico para Heidegger significaba también renunciar a colaboraciones independientemente de la amistad que subsistía con sus ilustres colegas, porque la forma de existencia "que pertenece esencialmente a la filosofía" tiene que ser ejercitada sin subordinaciones a intereses positivos como los de la teología.

Ejercitación en el pensamiento filosófico. Ejercicios en el semestre de invierno de 1941-1942.Martin Heidegger. Traducción de Alberto Ciria. Herder. Barcelona, 2011. 192 paginas. 19,80 euros. Correspondencia 1925-1975. Rudolf Bultmann / Martin Heidegger. Traducción de Raúl Gabás. Herder. Barcelona, 2011. 400 paginas. 35 euros.


Vía: ElPais.com

Vargas Llosa: La filosofía en el vestidor





Como todos los hoteles de la ciudad estaban llenos, la Universidad Libre de Bruselas me alojó en la casa particular de una pareja belga, Danielle y Michel Wajs-Waks, y debo a esa circunstancia una de las experiencias más estimulantes que he tenido: haber visto de cerca, y poco menos que olido y tocado, la manera como la cultura en general, y la filosofía en particular, pueden enriquecer y embellecer la vida de las gentes comunes y corrientes.


Aunque llamar a Danielle y Michel "comunes y corrientes" es bastante inexacto, pues, gracias a su amor a las artes, las letras y, sobre todo, a las ideas, ambos son personas bastante infrecuentes en el ambiente en que se mueven. Los llamo así porque ninguno de los dos se dedica profesionalmente a aquello a que entregan todas sus horas libres, un tiempo que se las han arreglado para preservar, como algo precioso e indispensable, en unas existencias enormemente atareadas en actividades que están muy alejadas de lo que se suele llamar el medio intelectual. Y, sin embargo, diré que en pocos amigos intelectuales, y conozco bastantes, he advertido un entusiasmo tan genuino y un aprovechamiento práctico tan feliz de lo que estamos acostumbrados a llamar cultura.

Todo lo que rodea a esta pareja parece impregnado de reminiscencias filosóficas, literarias o artísticas, empezando por la casa en la que viven, una construcción insólita en un barrio residencial bruselense de edificios decimonónicos o de principios del siglo veinte, inspirada en la vivienda que Ludwig Wittgenstein diseñó para su hermana en Viena. La amplia, luminosa residencia, de techos altos y cuartos rectangulares, rodeada por un jardín lleno de patos, tiene esculturas y pinturas modernas, y, por doquier, libros y revistas entre los que prevalecen los dedicados a la filosofía: la clásica y la moderna, la francesa, la alemana, la griega, la inglesa, y una gran variedad de diccionarios y manuales especializados sobre sistemas, teorías o filósofos. Revisé algunos de ellos y encontré que estaban anotados, con profusión de comentarios al margen, siempre con lápiz. La filosofía es la pasión de Michel Wajs, que nunca tomó un curso de filosofía en su vida, pues su formación universitaria fue la economía. Tampoco ha dictado jamás una clase, aunque sí asistido a conferencias y seminarios, siempre como oyente y, estoy seguro, tratando de pasar desapercibido. Nadie que lo oye hablar, con esa voz suavecita y algo tímida, relacionando constantemente la circunstancia del momento con ciertas afirmaciones, críticas o tesis venidas de algún filósofo o ensayista y apoyándose en éstas para explicar o entender mejor aquello de que se habla, se imaginaría que la vida de Michel Wajs ha transcurrido muy lejos de las aulas, las academias y las universidades.

Porque Michel Wajs es un hombre de negocios y, a juzgar por las apariencias, muy exitoso. Heredó una pequeña empresa de su padre, dedicada a diseñar y producir útiles de escritorio, y ahora que raspa los sesenta años, aquella firma ha crecido y se ha multiplicado gracias a su empeño y visión añadiendo a su catálogo una gran variedad de productos, desde objetos de viaje y de decoración hasta mobiliario, y sus clientes se extienden por todo el mundo, sobre todo en Asia, lo que lo lleva a tomar aviones con frecuencia. ¿Cómo se las arregla para leer lo mucho que ha leído y lee? Su caso prueba la gran mentira que dicen aquellos que se lamentan de no tener tiempo para leer todos los libros que quisieran, por las obligaciones que les abruman. Michel y Danielle -ella es médico y trabaja en un hospital haciendo investigación en bioquímica y diagnóstico- dedican muchas horas al día a quehaceres que los tienen alejados de su hermosa biblioteca y, sin embargo, han leído y leen con avidez y mucho, muchísimo, porque desde muy jóvenes descubrieron que los buenos libros son, además del mejor entretenimiento, una fuente incomparable de placer, un alimento gracias al cual la vida cotidiana, aun en sus manifestaciones más pedestres y rutinarias, puede ser mejor y vivida con más entereza y lucidez.

Esa pasión por la lectura que ambos comparten no los ha vuelto ni pedantes ni librescos. Detesto a esos exhibicionistas que andan por el mundo alardeando de lo que acaban de leer y estrangulando las conversaciones con sus citas impertinentes. No es el caso de los Wajs. Ambos son discretos, muy poco propensos a hablar de sí mismos -de hecho, tuve que sacarle con cuchara a Michel de qué modo se ganaba la vida- y las alusiones a los libros vienen a sus labios con absolutanaturalidad, generalmente con alegría, porque esto que estamos viendo, o comentando, o recordando, ¿no resulta extraordinariamente claro teniendo en cuanta aquello que, por ejemplo, decía Martin Buber sobre la condición humana o Emmanuel Levinas al hablar de la moral?

La especialización ha ido empujando a la filosofía en la época moderna muy a menudo a expresarse en un lenguaje cifrado, que la pone fuera del alcance de los no profesionales, lo que ha hecho que la inmensa mayoría de la gente, aquellos que, como Danielle y Michel Wajs, forman parte del común, den totalmente la espalda a un quehacer que les parece artificioso y abstracto, sin mayores contactos con sus problemas cotidianos, es decir una tarea intelectual oscurantista e impráctica. Lo extraordinario en el caso de Michel y Danielle es que hayan conseguido, guiados por la intuición y el instinto de buenos lectores y su amor a las ideas, ir desentrañando en ese intrincado bosque donde tantos se aburren y extravían, los tesoros escondidos bajo la espesura o el légamo, y recuperar en el pensamiento filosófico lo que fue su razón de ser, lo que hizo que surgiera: explicar la vida y ayudar a vivir.

Dije que no eran librescos y lo que quería decir es que ese intenso comercio carnal que ambos tienen con los libros no los ha privado de interesarse por las otras cosas buenas y exaltantes que propone la vida. Van poco al cine y ven apenas televisión, cierto, pero gozan con el arte y pasear con ellos por Brujas, en ese soleado día, fue formidable, no sólo por la belleza de los canales y las viejas residencias diminutas apretadas a sus orillas donde la Edad Media todavía parece aletear, sino porque, gracias a sus comentarios e informaciones, los Breughel, los Van Dyck, los Memling, los Rubens, los retablos flamencos primitivos, parecían remozarse y proponerse, serviciales y espléndidos, como un antídoto al pesimismo, a la frustración, a la desmoralización, como una contundente demostración de que, pese a todo, claro que la vida vale la pena de ser vivida. Pero también vi a los Wajs entusiasmados como chiquillos mientras me mostraban, en ese "chato país" del que Jacques Brel cantaba que sus únicas montañas eran las torres de sus catedrales, antiquísimas posadas con alambiques y porrones de cerveza tan espesa que parecía sólida, o cuando me contaban anécdotas o aspectos del trabajo de dos pintores que yo admiro y que ellos conocen al dedillo -Ensor y Delvaux- o cuando nos enfrascábamos en una discusión estupenda sobre Israel y Palestina.

¿Por qué me ha impresionado tanto esta pareja con la que la casualidad hizo que compartiera unos cuantos días en Bruselas? No creo que fuera solamente por lo amables y hospitalarios que se mostraron con el huésped que les infligió la Universidad Libre. Ha sido principalmente porque, conviviendo con ellos, comprobé de pronto cómo aquellas cosas que uno dice porque hay que decirlas, porque sin duda son ciertas, pero en las que no se detiene nunca a reflexionar, en su caso lo eran de verdad, de una manera que saltaba a los ojos y lo probaba a cada instante: que la cultura, la literatura, las artes, la filosofía, desanimalizan a los seres humanos, extienden extraordinariamente su horizonte vital, atizan su curiosidad, su sensibilidad, su fantasía, sus apetitos, sus sueños, los hacen más porosos a la amistad y al diálogo, y mejor preparados para enfrentar la infelicidad. Y la comprobación era tanto más rotunda cuanto que ni Michel ni Danielle parecían estar siquiera conscientes de ello: la vida se les había ido organizando de tal modo, por un azar de afinidades y gustos compartidos, que en un mundo en el que la cultura adquiere cada vez más el semblante de un quehacer aparte, de un monopolio de clérigos vanidosos y poco comprensibles, ellos habían ido devolviendo al crear, al pensar, al escribir, su vacación primigenia: la de hacer más comprensible y llevadera la vida.

¿Por qué no hay en el mundo más gente como Danielle y Michel? Si lo hubiera, estoy seguro de que habría menos guerras, menos fanatismo, menos violencia, menos estupidez. ¿Tiene la mala educación reinante en casi todas partes la culpa de que la cultura sea un lujo prescindible para cada vez más gente? Tal vez sea al revés: porque la cultura es un reducto de minorías es que la educación anda como anda. Pero la educación no puede suplir por sí sola lo que anda mal en las familias, y en los medios, y en las costumbres y los usos de una sociedad. Acaso parte de la culpa la tengan también los hombres y las mujeres de cultura, que andan por las nubes, y miran, cuando los miran desde esas alturas, a los indoctos, con infinito desinterés, sin hacer el menor esfuerzo por llegar a ellos y seducirlos. En realidad, no tengo una respuesta que me convenza a mí mismo. Pero sí sé que no es verdad que una rica vida cultural sea imposible, por razones prácticas, en ese mundo frenético y ocupado que es el de la mayoría de los mortales. Y, si no me lo creen, vayan a Bruselas, vean e imiten a Michel y Danielle Wajs.


Fuente: El País, 21-5-2006

Este documento tiene copyright. © Mario Vargas Llosa, 2006. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario EL PAÍS, SL, 2006.

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